Opinión

Maravilla de una mente

¿No podremos vivir en muchas ilusiones?

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La dramática historia del matemático John Nash, tema de la excelente y laureada película Una mente brillante , nos permite reconocer uno de los más antiguos y graves problemas de la filosofía: el acceso limitado a la realidad y la ausencia de criterios absolutos para reconocerla. Suponiendo que existan realidad y apariencia, ¿cómo las distinguimos? ¿Cómo llegamos a conocer la esencia real en mundo de apariencias accidentales? Los problemáticos límites que nos permiten distinguir la realidad de la fantasía, en el caso de Nash se confunden por el efecto profundo de la esquizofrenia, terrible enfermedad del alma. En un primer momento de su vida no hubo señal de confusión, de modo que en ese tiempo la fantasía y la realidad coexisten en el plano mental y presentan idéntica configuración pues ambas se encuentran concatenadas por la verosimilitud de leyes lógicas idénticas. En su mente, las formas de lo ilusorio desplazan a las de nuestra problemática realidad, siempre sometida a la potente amenaza metafísica de ser, también ella, pasta de ilusión. ¿Cómo sé que no sueño siempre? ¿Puedo metódicamente guiarme de manera que pueda firmemente asir la realidad y no el engaño, tal como pretendió la poderosa mente de Descartes? Nash ofrece viva y concretamente el paso figurado posteriormente por la acerada lógica del filósofo George Berkeley: no hay manera de distinguir el ser real percibido –que suponemos existe en un mundo externo a la mente–, de las percepciones elaboradas por la mente humana.








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