Gran pintor, publicista, locutor, eso fue Manuel de la Cruz González, un apasionado que se entregó a todo lo que hizo y a quienes conoció y amó.
Hoy después de visitar con más calma su exposición de la abstracción geométrica (Museos del Banco Central de Costa Rica) siento su ausencia y su presencia: ausencia porque ya no puedo sentarme en su estudio mientras hablábamos de arte y oíamos música del recuerdo; presencia porque las lacas, los dibujos y los óleos nos hablaban de un Don Manuel que quiso imponer en esta "aldea", para usar sus palabras, el arte abstracto.
Hace mucho tiempo no veía una exposición que me produjera más calma y paz; ver los bocetos a lápiz y luego el óleo o la laca final nos hace pensar en un autor que se tomaba su trabajo en serio, con regla trazaba sus bocetos geométricos y señalaba los colores que tendría la obra final. El dibujo, decía Don Manuel, es la probidad del arte, sus bocetos son producto de esa seriedad con que asumió el arte abstracto. Viendo sus obras no podemos dejar de pensar en una partitura musical: las dos tienen ritmo, hay elementos que se repiten, hay pausas, la abstracción geométrica se asemeja a la música clásica, y las dos producen paz en el alma.
Nadie los quiso. Muchas de las lacas y óleos que se exhiben me eran conocidos, don Manuel me los había enseñado y algunos me los dio en un rollo para que los vendiera allá en los años ochentas, era un momento de necesidad para él, pero ninguna de las personas a quien se los ofrecí los quiso comprar.
En la sala de su casa lo recuerdo tocando en el piano algunas melodías venezolanas, como Cuando no sé de ti; allá en Maracaibo había desarrollado sus ideas de la abstracción geométrica, allá había hechos sus goajiras geométricas que lo habían llevado por síntesis del arte abstracto.
Y si sigo el hilo de la nostalgia, lo puedo recordar motivando a cuanto joven le mostraba sus obras; don Manuel siempre encontraba algo bueno en las pinturas que los estudiantes le llevaban y les decía que aprovecharan ese don que Dios les había dado; no se los decía en voz baja, se los gritaba como para que nunca lo olvidaran. Esta magnífica exposición de los Museos del Banco Central muestra una obra poco conocida de don Manuel de la Cruz González: su abstracción geométrica. Y enseña a las nuevas generaciones que el arte es una aventura, un reto que se debe afrontar con esfuerzo tesonero.