Colin Powell, el formidable descendiente de Jamaica, quien, además de la fría precisión de un verdadero militar, lleva en su alma el ardor de los mares del Caribe, declaró sobre las ruinas de las torres gemelas: "Nuestros espíritus no se rendirán, la resistencia de esta sociedad no se romperá, descubriremos a los responsables de esto y pagarán por ello".
Nueva York, simbolizado por la isla de Manhattan herida, pero no vencida, es mucho más que una ciudad de hormigón y acero de inmensos rascacielos, museos, teatros y centros comerciales. Nueva York es un estado mental, el mismo que cimentó a los Estados Unidos de América y cada día se fortalece aún más: libertad, democracia, tolerancia, perseverancia en el estudio y trabajo. Es un crisol de nacionalidades y diversos colores de piel, idiomas y costumbres. Por ello, resume el ideal occidental siempre en combate contra la barbarie para sobrevivir, en una lucha que alcanza ya los dos mil quinientos años y que, ahora, triunfará definitivamente.
Leonidas, Milciades, Carlos MartelÖ En el siglo V antes de Cristo, los creadores del espíritu occidental que anima a la Gran Manzana , lidiaron valientemente contra similar bestialidad de fanatismo, incultura y deshumanización. Leonidas, rey de Esparta, en el estrecho desfiladero que se levanta en las agrestes montañas de Tesalia junto al mar, enfrentó con 300 hombres al árabe Jerjes, y murió en la lucha.
Poco tiempo después y ante el avance musulmán, el general Milciades los detuvo en seco en Maratón, comarca situada entre las aldeas de Ática y Boecia, en el corazón de la Grecia antigua. Muchos murieron en diversas guerras. En los estrechos canales de Salamina, Temístocles acorrala a los persas y los destruye. Luego se repite la historia en Platea y en Micala, donde al fin son vencidos.
Esquilo lo cantó en sus tragedias reseñando así el espíritu de la tolerancia occidental plasmada hoy en los gigantescos rascacielos, y que vivió con sangre y muerte la experiencia: para transitar por los senderos de la verdadera sabiduría no el fanatismo, hay que respetar la ley impuesta por Zeus de sufrir para comprender.
Dos mil años después, nuevamente el fundamentalismo y la cólera fanática del Corán invaden el occidente y llegan hasta las puertas de otro emblema de la civilización y la cultura: Francia. En los suaves campos de Poitiers a solo 300 kilómetros de París, Carlos Martel, descendiente de jefes y abuelo de Carlomagno, venció de nuevo a los árabes rescatando la civilización occidental.
Colin Powell. En la tradición inglesa, es San Jorge quien mata al dragón que arroja destructivas bocanadas de fuego por sus fauces. Hoy los grandes reyes y generales griegos Leónidas, Milciades, Temístocles-, y el abuelo de Carlos el Magno, inspiran al pueblo norteamericano y a sus dirigentes, barriendo ya los escombros de la destrucción y, mañana, la perversidad cobarde y salvaje del terrorismo.
Colin Powell enfatizó su advertencia: pagarán por ello. Quienes se aprovecharon del regazo del suelo norteamericano sufrirán la maldición que enfatizó Sófocles: "sin patria sea el que, llevado de la insolencia, viva en la injusticia".