Superó la condición de niño pobre y con escasa educación para ser tornero especializado en el Brasil de la expansión industrial, y hoy, después de una lucha tenaz e inteligente, es el presidente de su país y punto de referencia sobre las posibilidades de desarrollo democrático e incluyente. (La mención de Universitarios en el título alude a sectores idealistas y críticos, que bien podrían no ser universitarios, y sirve para formar el acróstico de LULA).
Su nombre es sinónimo de esperanza. Ha dado muestras de compromiso, honestidad y gran pragmatismo. Cuando su victoria electoral era previsible, atendió el llamado de su antecesor y se comprometió a cumplir medidas de responsabilidad fiscal y financiera. Los “mercados” (operadores financieros de gran magnitud) recibieron aliviados el mensaje y decidieron darle el beneficio de la duda.
Ahora Lula necesita que sean responsables con él y sus representados. Ya ha dado bastantes muestras de sensatez y pragmatismo, pero también ha reiterado un compromiso básico y fundamental.
¿Es mucho pedir? Como punto de partida para el logro de un Brasil menos inequitativo, Lula se ha planteado alcanzar a la brevedad posible la meta de que todos los brasileños tengan tres comidas normales al día. ¿Es esto pedir mucho? No parece.
Ha vivido Brasil una transición responsable, luego de los regímenes militares y experimentos populistas de derecha (Collor de Mello) y con la presidencia ilustrada de F.H. Cardoso, que resolvió no pocos problemas pero heredó al nuevo gobierno otro puñado.
Hablamos de responsabilidad fiscal y de apertura comercial, de eficiencia económica y reforma del Estado, y está bien. ¿Por qué no hablar y exigir para lograr que cada ciudadano del mundo tenga tres comidas al día? Brasil lo va a intentar y debemos apoyarlo. Sería ejemplo magnífico para muchos países.
Señal de compromiso. Seguro Lula no se va a quedar ahí. Sabe que ese es el primer paso ético y social, su señal de compromiso con una visión de mundo que ya no espera mucho más para ser realizada. Pero para que sea sostenible y compatible con un mundo de competencia, oportunidades y retos, deberá complementarlo con mejor salud y educación. Para eso deberá seguir siendo realista y pragmático, pero sería bueno que también los grandes acreedores de Brasil, los empresarios brasileños, las autoridades económicas internacionales sean realistas y pragmáticos. Si Lula ha variado tenuemente su lógica, ¿no es hora de que otros cambien en algo la suya?
Si en el caso del gigante brasileño lograra el mundo avanzar hacia el énfasis en las coincidencias y no los enfrentamientos, todos estaríamos, y quizás seríamos, un poquito mejor.