Opinión

Los rostros del resentimiento

Ni la vida ni el mundo nos deben nada

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El resentimiento es un humor de alta toxicidad, envenena el alma y, a semejanza de la envidia, perjudica a quien lo profesa mucho más que a quien va dirigido. Es también una afección singularmente variopinta: el resentido social, familiar, profesional y erótico encarnan tan sólo algunos de los subtipos más comunes. Todos ellos palidecen, sin embargo, al lado del más virulento exponente de tal dolencia: el resentido religioso. El paciente experimenta en estos casos profundas crisis místicas, culpa a Dios de todo cuanto le ocurre, se niega a asumir responsabilidad de sus fracasos y alza el puño hacia los cielos en shakespeareano desafío. Blasfema, abjura de sus convicciones religiosas y se convierte en el paladín de una nueva fe. Cuando más fanáticamente dice profesar su nuevo credo, más corrosivo se torna su rechazo por la religión recién descartada. Toda su vida, hasta el momento de la gran revelación, no fue sino un lamentable error que debe ser enmendado con una militancia feroz dentro del nuevo dogma.








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