Mensaje cifrado: Corresponsales de guerra muertos en Afganistán hasta finales del 2001: siete; soldados estadounidenses e ingleses reconocidos como caídos en batallas hasta esa fecha por sus respectivos ejércitos: menos de cinco.
Ante estas cifras, podríamos plantearnos que en estos tiempos de guerras tecnológicas a larga distancia es más arriesgado informar sobre la guerra que hacerla. En el 2000 murieron 32 periodistas en el ejercicio de su profesión, entre ellos Miguel Gil, abogado español que en 1993 había dejado su trabajo en un prestigioso bufete en Barcelona para trabajar en Bosnia como periodista y así ser "una ventana al mundo en el infierno de la guerra".
En un fascinante libro titulado Los ojos de la guerra (Manuel Leguineche y Gervasio Sánchez, eds. Plaza & Janés. Barcelona, 2001), 70 corresponsales de guerra escriben sobre su profesión y brindan un homenaje al galardonado camarógrafo español de Associated Press Televisión News (APTN), asesinado el 24 de mayo de 2000 durante una emboscada en Sierra Leona.
Chofer y mandadero. En su moto, llegó a Bosnia en 1993. Al verlo, algunos corresponsales creyeron poco en sus posibilidades. Sufrió mucho para abrirse paso, empezando como chofer de corresponsales, haciéndoles mandados y sacando y metiendo automóviles en Sarajevo por las noches, sin luz.
Escuchó varias veces: "Se nota que eres abogado; tus crónicas parecen actas notariales y hay que reescribirlas enteras". Fue mejorando la técnica hasta llegar a dominarla. También aprendió el arte de la cámara, decisivo en sus trabajos en los posteriores escenarios bélicos donde estuvo presente: Kósovo, Zaire, Congo y Sierra Leona. Con su cámara abrió esa ventana al mundo "para que nadie pueda decir que no lo sabía". Muchas de las dramáticas escenas que el mundo conoció de Chechenia fueron tomadas por Miguel Gil.
Conducta íntegra. El libro contienen numerosas anécdotas que reflejan su conducta íntegra y "un corazón enorme". Reporteros que lo conocían señalan que se preocupaba por la gente, sabiendo "ponerse en la piel de los demás" y que jamás dejaba tirado a un compañero. Tom Sullivan, de AP en África Occidental recuerda que "de una u otra forma, Miguel había cuidado a casi todo el mundo que le rodeaba. Nos enseñó a ponernos a cubierto cuando comenzaban los disparos, y nos daba la lata para que llamáramos a nuestras madres desde el teléfono por satélite de AP". Fernando Quintanilla de EL Mundo TV, dijo de él que "era un gran conversador y le gustaba y sabía escuchar. Y siempre sin abandonar, ni un instante, su serenidad, su solidez y su exquisita educación."
Paul Marchand nos da las siguiente clasificaciones de los reporteros de guerra: a) Turistas: informan desde lugares controlados, fuera de peligro, sellan su pasaporte, y se vuelven a casa; b) Mickeys: llevan el equipo adecuado, siempre están desocupados y presumen de su condición de periodistas de guerra; y c) Brothers: sensibles a cuanto ocurre y se juegan la vida para poder arrojar un rayo de luz e impedir que la barbarie y los crímenes sean silenciados. Miguel, no solo fue un brother sino que se convirtió en un referente moral de sus compañeros e "informaba desde la compasión por las víctimas, compartiendo su dolor y tratando de rescatar a los perdedores y a las causas perdidas".
Acceso directo. David Guttenfelder, de AP, explica que "Miguel terminaba la mayoría de los días en África en una iglesia católica, rezando. A veces le acompañaba y le esperaba en los peldaños de la puerta. La broma que compartíamos sobre la religión, en argot periodístico, era que Miguel tenía buenos contactos con Dios. Tenía acceso directo". En las diversas y complejas situaciones en las que se encontraba por su arriesgado trabajo, cuando encontraba un cura a mano, se confesaba antes de entrar en acción.
He leído un proverbio muy popular en algunos países: "el mundo es de Dios, pero Dios lo alquila a los valientes", (...). Esta frase la escribió el Beato Josemaría Escrivá en su libro Surco (punto n. 99). Me parece que Miguel Gil es de este tipo de personas a los que Dios le alquiló el mundo del periodismo de guerra por un tiempo.