Opinión

Los colores del infierno

El genio de una campaña poco común

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Desde hace tiempos, asomando por el recodo de una carretera, o desde la azotea de un edificio entre un enjambre de anuncios comerciales más, el ojo del pasante empezó a sorprenderse con las imágenes provocadoras de la propaganda de las prendas de vestir Benetton, la más inocente de las cuales retrataba a un cura besándose apasionadamente con una monja. Las demás, enseñaban cuadros patéticos del descarnado mundo en que vivimos, un mundo de contrastes aterradores, desde los rostros de los sentenciados a muerte en prisiones de EE. UU., a un esquelético enfermo de sida rodeado de familiares en su lecho de agonía, toda una pintura de pasión y muerte. Y un soldado africano, de alguna guerra tribal, que empuña un fémur humano. Un barco repleto de refugiados que ya no caben sobre la borda, y se lanzan al mar en racimos.








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