Hace poco vimos en familia la película Buscando a Nemo, una tierna historia de cómo un padre hace hasta lo imposible por recuperar a su hijo. (Primera lección: los padres siempre desean y procuran el bienestar de sus hijos). La película refleja una acuciosa investigación sobre ecología, biodiversidad y oceanografía, elementos de educación marina que trataremos de evidenciar.
La aventura incluye desde un microambiente representado por la anémona donde viven Marlin, Coral y su descendencia, hasta un arrecife coralino de gran belleza y complejidad, donde cada especie tiene su espacio y función, inclusive la barracuda que devoró a los hermanos y madre de Nemo. (Segunda lección: la vida es una constante lucha y sobrevive el más apto, no el más fuerte).
Peligros y amenazas.Apenas sobreponiéndonos de este susto, Nemo es raptado. Para rescatarlo, Marlin tiene que cruzar los arrecifes y adentrarse en aguas abiertas. Ecológicamente significa pasar de la zona supralitoral (primeros 10 metros) a la zona mesopelágica profunda y oscura. Con la migración surgen nuevos peligros y amenazas (tiburones, medusas, peces de profundidad, ballenas y oscuras fosas). (Tercera lección: no le crea a las circunstancias, confié en que cualquiera que sean las situaciones que vengan, siempre serán para su ventaja).
Ese paso lo hace en compañía de Dory, un pez cirujano, que le infundió valor en los peores momentos (cuarta lección: el brillo de los amigos sale y se pule en tiempos de oscuridad) y con cuyas alharacas pone el toque de humor en pasajes tensos de la película. La alegría, los gritos y el júbilo aumentaron cuando, nadando en aguas turbulentas, se encuentran con Crush, una tortuga marina que los alienta a seguir la Corriente Australiana Oriental, autopista marina para langostas, peces espada, atunes, delfines y ballenas que migran entre Australia y Sudamérica.
Mientras todo eso acontece, Nemo, que está prisionero en una pecera, se entera por otros animales de que su padre lo busca. Este gracioso correo faunístico refleja las conexiones y dependencias reales que existen en la naturaleza. En ecología esto se llama redes tróficas y es representado como el flujo de energía que se transfiere entre los organismos. Por ejemplo, los cangrejos comen materia en descomposición, los peces ingieren cangrejos y las aves consumen peces; por eso no te creas único en el mundo, somos parte de un engranaje, lo que hagas afectará tu entorno (quinta lección).
¿Nuestro futuro?. Cuando esperábamos un regreso feliz, Nemo es atrapado por un barco arrastrero, donde miles de peces tienen una muerte segura. Eso mismo ocurre en nuestros mares, donde la pesca sin control reduce nuestra riqueza marina, provoca la fuga de millones de dólares y aumenta la pobreza entre los pescadores. Como muestra un botón: la actual masacre de tiburones, víctimas indefensas de la pesca ilegal y del desaleteo. Gobierno: hay que poner alto a este desastre ecológico; de lo contrario nuestros mares acabarán como la pecera cuando se atascó el filtro; es decir, un depósito de basura y un caldo de bacterias.
La historia de Nemo es una lección de ecología y educación marina, pero es más una lección de vida, donde el respeto por los animales debe privar, como dice Dios: “Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos”, Génesis 1:20.