
1997 es un año clave no sólo desde el punto de vista electoral, sino además para el devenir político y económico de América Latina. Dos de las tres principales economías latinoamericanas (México y Argentina) celebrarán cruciales elecciones, cuyos resultados pueden llegar a tener efectos de gran importancia tanto para el futuro de los programas económicos hoy en marcha, como en materia de gobernabilidad. Pero además, en ambos países, los resultados servirán también de insumo para pronosticar los posibles escenarios de cara a las elecciones presidenciales argentinas (1999) y las mexicanas (2000).
En Brasil por su parte, primera economía regional, si bien no están previstas elecciones durante este año, está en juego ni más ni menos que la eventual autorización del Senado para dar luz verde a la reelección del Presidente Cardoso, arquitecto y garante del plan económico.
La agenda electoral del 97. El 6 de julio, México celebrará unas elecciones que bien pueden representar en parte aguas en su historia política. Ese día los ciudadanos del Distrito Federal elegirán, por vez primera en la historia y por voto directo, al Jefe de Gobierno de la Ciudad de México. Los mexicanos elegirán además a la totalidad de los 500 miembros de la Cámara de Representantes, y al 25 por ciento del Senado. Por su parte, en 6 Estados federales habrá asimismo elecciones locales. En el caso de la elección del Jefe de Gobierno de la Ciudad de México (Alcalde), de acuerdo con las encuestas, la elección promete ser muy reñida. Los sondeos de opinión colocan a la cabeza al candidato del PRD (oposición) Cuhatémoc Cárdenas. Las elecciones para el Senado no tienen mayor repercusión política ya que independientemente de los resultados no afectarán la mayoría del PRI. Por el contrario, las elecciones que mayor temor despiertan en el seno del gobierno y en el del PRI son las de la Cámara de Diputados, ya que, y de nuevo según las encuestas, pareciera improbable (ojo pero no imposible) que el PRI llegase a obtener el porcentaje necesario (43 por ciento de los votos) para seguir contando con la mayoría absoluta en esta Cámara. Así, los resultados de estas elecciones bien podrían alumbrar un México inédito, bajo la modalidad de un "gobierno dividido", es decir, con el PRI en el Ejecutivo y con mayoría en el Senado, pero con un partido de oposición (PRD o PAN) en la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, y con un Cámara de Diputados controlada por la oposición (PRD y PAN). De darse este escenario, ello podría tener consecuencias importantes no solo para la gobernabilidad del sistema sino también para el desempeño de la economía.
En el caso de las elecciones argentinas que tendrán lugar en octubre de 1997, el oficialismo pone en juego, como en México, la mayoría absoluta que actualmente detenta en la Cámara de Diputados y, consecuentemente, sus márgenes de gobernabilidad. Pero además del control de la Cámara de Diputados, el resultado de estas elecciones determinará las condiciones políticas en las cuales Ménem ejercerá el poder en los últimos dos años. Los analistas coinciden en que Ménem teme a los "fantasmas" de una eventual derrota en 1997 que le pudiese ocasionar (como a Alfonsín el fracaso sufrido en 1987) su ocaso político. Pero las elecciones de 1997 tienen asimismo un tercer efecto: determinar las chances para las elecciones presidenciales de 1999. Un triunfo de Ménem en 1997 además de asegurar la continuidad del plan económico, colocaría al candidato peronista (Duhalde probablemente) en excelentes condiciones de triunfar en 1999 frente a una oposición (radicales, Frepaso y otros) que no ha sabido o no ha querido hasta ahora aliarse para enfrentar al justicialismo.
El cuadro electoral regional se completa con las elecciones de Chile (parlamentarias) y Colombia (gobernadores y alcalde) en América del Sur, y con la de Honduras (generales) en Centroamérica. De las ya celebradas hay que citar las salvadoreñas de medio período (16 de marzo) en las que el partido oficial, ARENA, acusó el impacto de su desgaste político frente al vertiginoso crecimiento de la izquierda salvadoreña; las de Haití (6 de abril) que representaron un fuerte voto de castigo para el programa económico del Presidente Preval; el plebiscito ecuatoriano del pasado 25 de mayo, que representó un espaldarazo político para el gobierno provisional de Fabián Alarcón y las recientes elecciones generales de Bolivia (1 de junio), cuyo triunfo insuficiente de Hugo Banzer determina que la elección del próximo Presidente quede ahora en manos del Congreso.
Elecciones y economía. Los programas de ajuste económico, a caballo de los cuales muchos políticos latinoamericanos ganaron durante los últimos años elecciones tras elecciones, parecieran estar encontrando sus límites frente a un sentimiento creciente de oposición no solo político sino también electoral, como lo evidencia la crisis ecuatoriana así como los resultados de las elecciones que han tenido lugar en la región durante la primera parte del año. Europa no es ajena a esta tendencia de cansancio frente a los altos costos sociales de los programas de ajuste económico como lo demuestran las pasadas elecciones de Inglaterra y Francia en las que barrieron los socialistas.
La gente está de acuerdo con la disciplina fiscal, el orden y la eficiencia económica, pero reclama, y con razón, empleo, equidad y "sensibilidad social", en una América Latina que no solo tiene ahora el triste privilegio de poseer la distribución de la riqueza más injusta del planeta, sino al mismo tiempo los índices mundiales de mayor crecimiento de la pobreza.
Los disturbios y conflictos sociales, acompañados de protestas y huelgas, son comunes en la mayoría de los países. En Centroamérica el cuadro se complica aún más. Así, en Guatemala y El Salvador los partidos de oposición están frenando los programas de privatización en marcha; en Nicaragua la confrontación entre el Gobierno y el FSLN sigue en aumento; mientras en Honduras el presidente Reyna enfrenta un profundo desgaste debido a los efectos sociales de las medidas económicas adoptadas en los últimos años. Por ello, las elecciones durante 1997 constituyen laboratorios valiosos para evaluar las tendencias que las urnas suministren acerca de la relación fundamental y siempre compleja entre política y economía. En el caso de Costa Rica, las lecciones de las elecciones latinoamericanas pueden ser de gran valor, si son bien aprovechadas, de cara a las elecciones de febrero de 1998.