Lo atractivo de Don Constantino no estaba precisamente en ser catalogable entre los hombres mejor vestidos del mundo. Cabe buscar su universalidad a nivel del espíritu, más allá de barreras materiales y de fronteras de países. A él perfectamente le calza la frase aquella de Cicerón: "soy ciudadano del mundo y llevo mi equipaje (es decir: mi cultura) conmigo (es decir: en mi cabeza)".
Porque este es el punto: a este eminente filósofo extranjero se le declaró Benemérito de la Patria y la pregunta que surge inmediatamente es ¿cuál Patria? Claro que había trocado la ciudadanía española por el pasaporte tico, pero eso, a la larga dice bien poco de la nacionalidad profunda. Jaime González Dobles, en su libro "La Patria del tico" con justa razón lo incorpora dentro de los nacionales de corazón. En realidad, si tuvieramos que señalarles un denominador común a la mayoría de las investigaciones del ilustre forastero, es haber buscado siempre el punto de unión entre lo local y lo universal : con su impresionante capacidad de síntesis, por lo menos dos libros de Láscaris (Historia de las Ideas en Centro América y Desarrollo de las ideas en Costa Rica) pretenden escudriñar en los pensadores regionales qué los une o diferencia del pensamiento occidental.
Costa Rica y Bélgica. Pero Don Constantino no se dejaba asir por papeles oficiales de tal o cual nación: su nombre mismo da cuenta de sus antecedentes griegos. De nacimiento y de formación españolas, también tenía nexos con París y Lovaina. Respecto de esta última y milenaria ciudad universitaria, pocos saben de los vínculos que representan entre este tico homenajeado y Bélgica: basta leer la historia de la "Maison Saint-Jean" para darse cuenta que allí fue donde el maestro conoció a su esposa y tuvo estadías placenteras. Lucien Morren, el dueño de esta singular casa fue su padrino de bodas. Para los legos en la materia, la pensión universitaria llamada la Maison Saint Jean no era un "bed & breakfast", sin más. Durante varias décadas fue promotora de integración intercontinental, interprofesional e interconfesional: allí estuvo por ejemplo también Camilo Torres. El papel que desempeñó esta casa de estudios fue un poco como la Residencia de Estudiantes, en el Madrid de los años treinta. Era un auténtico crisol de culturas, de donde salieron Lorca, Buñuel, Dalí y tantos otros destacadas personalidades de la agitación artistica e intelectual española. En el paralelo belga de la "Resi" alojaron también Arnoldo Mora, el citado González, Marielos Giralt y Javier Solis, todos filósofos como Láscaris.
La Asamblea le rinde un merecido tributo a un gran tico, con sangre helénica, con interferencias ibéricas y una pica en Flandes, pero sobre todo aquello, a un varón universal. A él le vienen como anillo al dedo los versos del poema "Mi Patria" de Brenes Mesen, inspirado en Schiller : "Soy ciudadano del mundo, mi compatriota es el hombre".