Muchos antecedentes explican el resultado de la elección del 2 de julio en México. Vicente Fox celebró su cumpleaños tumbando 70 años de hegemonía del Partido Revolucionario Institucional (PRI), y miles de simpatizantes reunidos en la Avenida Reforma, no por casualidad, coincidieron en gritarle: "No nos falles". Está por verse cómo hará para administrar un país que casi llegó a aceptar como natural la comunión estado-partido.
Desde que Cuauhtémoc Cárdenas, en 1988, con el Frente Democrático Nacional obtuvo un 30 por ciento de los votos, la más alta para un candidato opositor hasta entonces, el PRI comprendió que debía abrir espacios a todos los grupos de oposición para estimular su crecimiento individual (no coaligados), sin poner en peligro su condición de partido hegemónico. Tuvo que hacerlo, ya que de eso dependía su supervivencia.
Hechos notorios como las denuncias de fraude a propósito de esa elección del 88, por citar uno de los más importantes, dispararon una primera generación de reformas electorales en el sistema de partidos políticos, en el sistema electoral y para la reconstitución de los órganos de la administración electoral. De aquí nace el Instituto Federal Electoral (IFE).
Excelencia del IFE. En cuanto a administración y gerencia de procesos electorales, lo de este año en México ha de ser uno de los mejor planificados y ejecutados en el mundo hasta la fecha, y esto resulta del trabajo del IFE, cuya autonomía actual es producto de las reformas de 1996. Esta entidad, constituida formalmente el 11 de octubre de 1990, es prueba irrefutable de que es muy importante invertir en el fortalecimiento institucional del árbitro de las contiendas electorales.
Los electores contaron para votar con credencial con foto, reproducida en las listas nominales de electores, para mayor seguridad. Se calcula que estas listas nominales con foto consumieron casi el 40 por ciento del presupuesto del IFE para la actividad. Esto tiene mucha importancia por la desconfianza que había caracterizado a los comicios mexicanos, tanta como la garantía real dada a casi 58 millones de personas de que su voto sería libre y secreto. La otra gran reforma es la relacionada con la contribución económica del Estado a los partidos políticos.
Financiación estatal. Para el 2000, el Estado dispuso dar a los partidos inscritos US$322.536.025. De esta suma, la Alianza por el Cambio, con Fox, recibió el 30,17 por ciento (el PAN había recibido el 14,39 por ciento y el 24,97 por ciento en las elecciones federales de 1994 y 1997, respectivamente); y la Alianza por México con Cárdenas recibió el 34,13 por ciento (el PRD recibió el 10,29 por ciento y el 18,53 por ciento entonces). El PRI de Labastida recibió el 30,69 por ciento (el 49,39 por ciento y el 42,25 por ciento en 1994 y 1997, respectivamente).
Aunque en términos de resultados las tres elecciones son federales, resultan comparables las de 1994 y 2000 por comprender la elección del Presidente de la República: en 1994 el PAN obtiene el 26,7 por ciento de la votación, y el PRI obtiene el 50,2 por ciento. En el 2000, la Alianza por el Cambio de Fox obtendría el 44 por ciento, y el PRI alcanzaría un 37 por ciento. El PRD obtuvo el 17,1 por ciento hace seis años, y repetiría el porcentaje ahora con la Alianza por México.
México le ha dado al mundo un magnífico ejemplo de madurez institucional: un IFE autónomo e independiente; condiciones de equidad en la contribución estatal a los partidos; y la facilitación amplia e irrestricta de los mecanismos de observación electoral, tanto doméstica como extranjera, incluyendo su financiación con recursos públicos. El anhelo por la alternancia en el poder y la confianza por su candidatura completaron la melodía. Sin estos instrumentos de cambio, a don Vicente no le cantan Las mañanitas.
El uso indebido de los recursos del Estado con propósitos electorales; el papel de los medios de comunicación colectiva; el voto de los mexicanos residentes en el exterior; un control efectivo sobre el financiamiento privado y la segunda vuelta electoral serán algunos temas de las reformas de nueva generación.
Cuando nuestra Asamblea Legislativa tiene tanta cosa importante en trámite en materia de reforma política y electoral, los costarricenses también queremos decirle a nuestros representantes: No nos fallen.