Hace ya casi siete años, una soleada mañana, por amable invitación de la Oficina de Censura de entonces, pude disfrutar en forma muy egoísta ya que mi disfrute no fue compartido por casi ningún otro costarricense, de una película que me impactó muy favorablemente La última tentación de Cristo.
En aquellos tiempos, mucho antes también, Antonio Bastilda que, además de abogado, buen tenista, ejemplar padre de familia y muchas otras cosas más, era el jefe de la Oficina de Censura, a veces me invitaba, como una especie de asesor ad honórem, a presenciar la exhibición de películas polémicas, sobre todo por sus temas sexuales o religiosos. Recuerdo especialmente El último tango en París con Marlon Brando, que fue considerada entonces como una película sumamente escabrosa, casi pornográfica. Después de verla escribí un artículo en esta misma página en el cual abogaba porque se permitiera su exhibición, lo cual sucedió finalmente con muchas restricciones. Ahora se puede encontrar en casi todas las salas de vídeo y se exhibe libremente en todo el mundo.
Otro fue El bebé de Rosemary, de Roman Polanski, cuya exhibición logró prohibir el Arzobispo de entonces, prohibición que luego fue levantada después de muchas protestas y artículos periodísticos, creo que uno de Beto Cañas y uno más modesto mío en la Página 15. En estos momentos esta película, un verdadero poema a la maternidad, se exhibe de vez en cuando en cines de barrios libremente o a lo más con una advertencia de que es inconveniente para niños.
Otra película interesante a cuya exhibición fui invitado fue Viridiana de Luis Buñuel. Como ya se sabe, esta obra no tiene la menor escena escabrosa o inconveniente y casi se podría equiparar a las que salen de los estudios de Walt Disney, excepto desde un punto de vista religioso. En esta ocasión se invitó, también como asesor, a un sacerdote, Javier Solís, a quien no conocía entonces. Al encenderse las luces espere oír las objecciones del sacerdote para tratar de rebatirlas. Pero Javier, ahora periodista, hombre culto e inteligente y buen amigo mío, se deshizo en elogios sobre el tema, las actuaciones, etc. y el permiso fue concedido de inmediato, lo cual provocó la furia del Arzobispo de entonces, sin ningún resultado práctico.
En cuanto a La última tentación de Cristo es una obra seria, bien estructurada, con muy buenas actuaciones, en la cual el tema trasciende la forma. Me parece ridículo que casi todos los que se oponen a su exhibición confiesen, sin ningún rubor, que no la han visto. ¿Con qué argumentos pueden oponerse a la exhibición de una obra que no conocen? ¿Es que acaso existen los pecados por control remoto?
La verdad es que el director Martin Scorsese, quien por cierto viene de una familia muy católica y quien de joven pensó seriamente seguir la carrera del sacerdocio, trató el tema con cariño y respeto, pero también con inteligencia y con la libertad que exige toda creación artística. No es cierto que se irrespete la imagen de Cristo ni que se cambien las escrituras. Scorsese sigue bastante fielmente estas escrituras --mucho más que en la obra monumental de Cecil B. De Mille la cual si fue recibida con beneplácito por las autoridades eclesiásticas-- y el escándalo se produce cuando Cristo aparece en escena casado con María Magdalena y con varios hijos. Pero la película muy claramente explica que esto no fue lo sucedido en realidad sino que se trata de una especie de sueño o fantasía de una persona -Dios hecho hombre como enseña la religión cristiana- que quizás delire en los últimos momentos de su existencia. Y que en lugar de escoger el camino fácil y agradable de una vida normal y familiar, escoge el camino mucho más difícil, pero de mayor valor, del sacrificio personal hasta la muerte en la cruz por el bien de la humanidad. No hay irrespeto. No hay cambios en las escrituras, excepto tal vez que Jesús es más humano y por lo tanto más nuestro.
No es la primera vez --ni será la última-- que Scorsese tiene problemas con la censura y no solo en Cosa Rica.Taxi driver para poner un solo ejemplo, con una de las mejores actuaciones de Robert de Niro y el primer papel importante de Jody Foster, tuvo problemas para su exhibición en muchos países. Estas dificultades, sin embargo, me parecen más razonables y lógicas, ya que se trata de una obra de extrema violencia, y no como en este caso en que la oposición se debe a criterios religiosos o moralistas.
Me parece que la Sala IV, tan criticada a veces, acertó plenamente con su fallo. Permite a todos los que admiran el trabajo artístico de un gran director, como lo es Scorsese, disfrutar de esta buena película. Y todos los que no están de acuerdo con ella tienen el fácil camino de simplemente no ir a verla.