Después de la caída del comunismo y del socialismo real, los ideólogos y políticos han estado escasos de ideas y programas, pero la situación cambió bruscamente con la llegada del nuevo (?) laborismo en el Reino Unido. Tony Blair y el director de la London School of Economics, Anthony Giddens, introdujeron un paradigma nuevo, la "Tercera Vía", que a falta de mejores ideas hoy se extiende por Europa y los Estados Unidos, y la idea convertida en el libro es punto de reflexión para muchos políticos de estos lares.
¿Qué es la tercera vía? Para empezar, el nombre es históricamente ambiguo, porque los fascistas españoles de principio de siglo hablaron también de una tercera vía, como alternativa al comunismo y a la socialdemocracia, pero aparte de esa aclaración, la "tercera vía" pretende ser una receta única para todas las sociedades (craso error) aunque se cubre como un programa para una sociedad global que busca un equilibrio entre la regulación y la liberización, entre lo nacional y lo transnacional.
La socialdemocracia clásica quería que el Gobierno sustituyese a la sociedad civil al mismo tiempo, nos dice el intelectual británico. Se trata de un programa pragmático que implica reducción del impuesto de sociedades para ayudar a las empresas, introducción de un salario mínimo para auxiliar a los peor retribuidos, inversión en educación y sanidad, un programa para reducir el paro estructural, reducción del gasto público, independencia del poder económico del político, un programa drástico para combatir la delincuencia y aumentar la seguridad ciudadana y una defensa cerrada de la familia tradicional. Grosso modo, estos son los ejes de la "tercera vía", pero queremos hacer algunos comentarios.
Peligro de los extremos. De las diferentes ideas que han sido expuestas por Blair y Giddens, tanto en sus discursos como en su libro, convertido en best seller, queremos destacar que la palabra "libertad" está prácticamente ausente, se habla mucho de fraternidad, pero hasta ahí llegamos, así mismo se prescinde de la igualdad y se sustituye esta por la integración social y justicia. La libertad debe ser un elemento sine quo non de cualquier proyecto político que queramos impulsar hoy día, de ninguna manera podemos decir que es un elemento implícito, es necesario mencionarla, defenderla. Este siglo que acaba nos ha dado una lección sabia, cuando se elimina la libertad de nuestros horizontes podemos caer en extremos.
Recientemente, en otro documento firmado por Blair y el alemán Gerhard Schreder (Europe and the third way) subrayan ambos que "el Estado no debe remar, sino dirigir", en otras palabras, el Estado debe decirle a los ciudadanos lo que tienen que hacer. En momentos en que las tentaciones autoritarias están a la vuelta de la esquina y donde la internacionalización de las decisiones significan una pérdida notoria de democracia, la ausencia de libertad del programa de la "tercera vía" es muy desafortunada. El modelo de Singapur que los amantes de la "tercera vía" ponen de ejemplo, responde a esa falta de libertad, creándose un modelo que privilegia una "nomenclatura política" a la que encomendamos nuestros problemas, ya sea por miedo, apatía o resignación.
Soluciones, no modelos. La "tercera vía" que para otro pensador británico Ralf Dahrendorf es una combinación de política económica neoliberal y de política social demócrata, para quien escribe es una visión hegeliana de un mundo en que después de 1989 pensamos que ya no habría etiquetas y recetas. La "tercera vía" es un programa confuso que obliga a tomar posición, como en el pasado, por un sistema u otro, en lugar de abogar por una combinación de ideas y proyectos. El mundo ya no puede seguirse guiándose por modelos; lo que ahora necesitamos son soluciones prácticas que privilegien el diálogo de todos los sectores sociales, distribución equitativa de la riqueza, igualdad de oportunidades para todos, fomento de la responsabilidad común, con derechos y obligaciones claras y transparentes e ideas firmes sobre el respeto de ciertos valores universales en libertad. Con esto tampoco queremos decir que todos pensemos igual, no se trata de eso. Recordemos que un elemento básico de la democracia es la diferencia entre el Gobierno y la oposición; se trata de un diálogo de iguales en libertad.