Con evidentes tropiezos, contradicciones, repliegues y riesgos, pero sin perder una ruta esperanzadora, Guatemala se ha encaminado durante las últimas semanas hacia lo que podría ser su gran revolución contemporánea: el logro de la pacificación y el desmantelamiento de una estructura represivo-delictiva que, desde los más altos mandos de las fuerzas armadas, ha carcomido las estructuras esenciales de la sociedad. Hoy, gracias a una serie de acciones emprendidas o reactivadas por el Gobierno del presidente Alvaro Arzú, y con el respaldo de amplios sectores académicos, políticos, empresariales, étnicos y comunales, es posible avizorar la reconstitución del país, sus instituciones y formas de relación social alrededor de principios de civilidad y justicia.
Por supuesto que el camino es duro y difícil, pero los hechos marcan avances de inusitada importancia:
1. Por primera vez en mucho tiempo, el Presidente, que llegó al poder producto de una segunda ronda electoral el 8 de enero, cuenta con un respaldo manejable en el Congreso.
2. Tras un largo período de parálisis en sus negociaciones, la Comisión Gubernamental de Paz (COPAZ) y la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG) firmaron el 19 de setiembre, en México, un acuerdo total sobre fortalecimiento del poder civil y el papel del ejército. A estos seguirán otros acuerdos operativos (en diciembre), que abrirán el camino para la incorporación de la guerrilla a la vida democrática y el virtual fin de un conflicto armado de 30 años.
3. Paralelamente se ha desarrollado un proceso de desarme de los grupos paramilitares denominados Comités Voluntarios de Autodefensa Civil, brazo un tanto incontrolable de las fuerzas armadas en muchas comunidades.
4. Más importante aún, a partir del 14 de setiembre se ha comenzado a desmantelar una pavorosa red de contrabando, narcotráfico, secuestros, espionaje y, en general, imposición de arbitrariedad militar sobre la sociedad, en la que han estado involucrados algunos de los oficiales de más alto rango de las fuerzas armadas guatemaltecas. Producto de la decisiva acción gubernamental, ya han sido encarcelados presuntos miembros de la entidad, han caído dos viceministros y algunos generales y coroneles, y se ha virtualmente deshilvanado el engranaje de "inteligencia militar" que servía de mampara a todo esto.
5. A estas cruciales iniciativas político-sociales se une una política económica más sensata, que podría reacticar la producción del país.
¿Asegura lo anterior el fin de los agudos males que han afectado al más populoso país del istmo? Sin duda no. La lista de problemas es muy larga y no podrá resolverse en un corto plazo. Pero lo fundamental es que, por primera vez en décadas, la simple retórica pacificadora, justiciera y civilista, o la sujeción de los presidentes a los generales, está en proceso de revertirse hacia acciones reales de reafirmación democrática y civil.
En lo que se ha logrado hasta ahora, y en lo que aún queda por hacer, muchos han sido y serán responsables relevantes. Pero es indiscutible que la voluntad y el liderazgo sereno del presidente Alvaro Arzú se han constituido en un factor esencial. Lo importante es que se mantenga por esa ruta, que en el ataque a los males de hoy vea una oportunidad para el avance futuro y que todo progreso se institucionalice de la forma más sólida posible. Hay razones para tener esperanzas de que así sea. Los guatemaltecos y sus vecinos tenemos base para respirar más tranquilos.