
El sustantivo arroba proviene, según el maestro Corominas, del árabe rub', que significa cuarta parte. Se trata de una vieja medida de peso, equivalente -gramo más, gramo menos- a once kilos y medio (o sea, la cuarta parte de un quintal de los de antes, de cien libras) y que fue ignominiosamente arrojada al cesto de la basura -junto con el palmo, la cuarta, la legua, el cuartillo, la onza, la fanega y demás compañeros mártires- cuando el sistema métrico decimal impuso su dominio en la mensuración de longitudes, pesos y capacidades.
Todavía muchos campesinos españoles, que no se resignan a someterse a sistemas y nomenclaturas novedosos -aunque, desde luego, envían faxes, ven la televisión por cable y hasta navegan por Internet-, siguen utilizando la vetusta y añorada arroba (calculada a ojo de buen cubero pues ya no hay balanzas que marquen en arrobas) para alardear sobre su cosecha de trigo o sobre el peso increíble de su puerco favorito, engordado con ternura para la matanza de enero, por las fiestas de San Martín.
Pero estos son casos aislados. La realidad es que la arroba pasó a formar parte de ese entrañable museo de recuerdos y añoranzas. Queda, sí, su huella indeleble en las expresiones, dichos y refranes que el idioma ha mantenido y mantendrá en abierto desafío al transcurso del tiempo y a la arrogancia de lo reciente y lo innovador. El DRAE recoge las frases echar por arrobas (abultar y ponderar mucho las cosas) y por arrobas (a montones, en gran cantidad, abundantemente, excesivamente). Y el Refranero Castellano acoge el proverbio Un cuartillo presto es ido, una azumbre también se asume; el arroba es la que abonda, que -esgrimiendo el encanto del arcaísmo gramatical- nos transmite la moraleja de que cuanto mayores son los medios de que se dispone para hacer una cosa, mayores serán los rendimientos; y este otro Los placeres son por onzas y los males por arrobas, en que claramente se advierte que en esta vida son más frecuentes los disgustos y pesares que los gustos y satisfacciones.
Pero miren por cuanto, cuando menos lo esperábamos, la técnica moderna puso sus ojos en la arroba (al menos en su símbolo tradicional @, registrado como tal en la gramática de la Academia, pero totalmente inactivo en los teclados de las computadoras) para exhibirla triunfalmente en las direcciones del correo electrónico (e-mail para los anglófilos). ¡Bienvenida!