En el último tercio del siglo XIX, el Estado y las élites liberales transformaron la Campaña Nacional (1856-1857), en la gesta fundadora de la nacionalidad.
Dentro de este contexto, se rescató la figura de Juan Santamaría, quien fue consagrado como héroe nacional. De hecho, para los liberales, Santamaría fue el héroe casi perfecto, lo que podría resumirse en una suerte de drama en cuatro actos. Primero, era un símbolo del “pueblo humilde”. Segundo, Santamaría había muerto en la Batalla de Rivas en 1856, al tratar de incendiar el mesón de guerra. Tercero, era un ser casi anónimo, que no tenía “voz propia”; es decir, Santamaría no había dejado constancia documental sobre su visión del mundo. Es desde el discurso de los liberales que se lo configura y narra. Cuarto, había caído en suelo extranjero, en defensa del orden existente en Costa Rica.
Rasgos personales. La metamorfosis y construcción discursiva de Santamaría no es, por supuesto, antojadiza. Lo que ocurre es que dentro de un repertorio de rasgos de su persona, se enfatizan y proyectan algunos en desmedro de otros. Acaso el único problema que suponía el soldado Juan era el de su origen étnico, pues su fisonomía mulata era una condición que desdecía la construcción biologista y positivista de una nación “blanca” y “homogénea”. Sin embargo, tal contingencia podía ser enfrentada con el “blanqueamiento” tácito del héroe, como lo hizo Pío J. Víquez, quien en 1887 afirmó que los rasgos de Juan correspondían a la genuina raza blanca costarricense.
En este telón de fondo, se entiende que la exhibición del lienzo titulado:La quema del Mesón , del artista Enrique Echandi (1866-1959), en una exposición de arte efectuada entre el 17 y el 31 de enero de 1897 en el Edificio Metálico, causara un rechazo visceral entre la “crítica artística” contemporánea, sobre todo, de Juan Vicente Quirós –director del periódicoLa República –, quien lo consideró como “una caricatura que se burla sacrílegamente del héroe”. ¿Por qué? En dicha tela, el pintor representó a Santamaría como un campesino mulato, de ensortijado cabello y dando fuego al alero del Mesón con una larga caña como tea, ya manando sangre, por el impacto obvio de muchas balas.
La Patria primero. No es un retrato heroico, más bien, el cuadro se puede ver como una suerte de “calvario laico”, una imagen del sufrimiento y de la muerte. Los gestos del cuerpo (cabeza y brazos), la posición (de rodillas) y del rostro (pálido, desencajado y con los ojos bien abiertos) plasman a un héroe caído, cuyo último suspiro es un llamado a los que prefieren la muerte al dolor de ver sucumbir a la Patria. Es importante resaltar que Echandi, con un vocabulario estético más imbuido por la reconstrucción verista, e inspirado en los documentos textuales existentes y el imaginario de procedencia popular, oral, transgredía la visión espuria del héroe fabricada por los liberales, que se correspondía unívocamente con la estatua de bronce develada en 1891, donde Juan Santamaría se transmutó en un garçon francés atlético, valiente y decidido.
A 110 años, el cuadroLa quema del Mesón , que forma parte del acervo patrimonial del Museo Histórico Cultural Juan Santamaría en Alajuela, constituye una pieza paradigmática de la pintura histórica en Costa Rica.