Mal haríamos en traducir el elogio a la "aurea mediocritas" del viejo Horacio por una apología a la "mediocracia", siendo que el poeta se refería al encanto de la sencillez material. Pero dos filósofos latinoamericanos de este siglo se refirieron a la mediocridad intelectual. A manera de reseña quisiera extraer de sus trabajos unas cuantas ideas.
En 1910, el argentino José Ingenieros (1877-1925), en su ensayo sobre El hombre mediocre, plasmó una serie de reflexiones al respecto, con un estilo y una visión de mundo preñada de arielismo. Al puro principio de su trabajo, señala como "la emoción del ideal":
Cuando pones la proa visionaria hacia una estrella y tiendes el ala hacia tal excelsitud inasible, afanoso de perfección y rebelde a la mediocridad, llevas en ti el resorte misterioso de un Ideal. Es ascua sagrada, capaz de templarte para grandes acciones. Custódiala; si la dejas apagar no se reenciende jamás. Y si ella muere en ti, quedas inerte: fría bazofia humana. Sólo vives por esa partícula de ensueño que te sobrepone a lo real.
Si bien el autor plantea toda una tesis de conjunto, con la dicotomía idealismo versus mediocridad, es posible leer su ensayo a manera de aforismos aislados, como los Pensamientos de Pascal. "Las lecciones de la realidad no matan al idealista: lo educan", es una muestra; "muchos nacen, pocos viven"; medianía no es sinónimo de normalidad" son otros botones, dentro de un estilo salpicado de chispa intelectual.
Mediocridad y excusas. Pese a la distancia que nos separa de la cosmovisión de Ingenieros, es bueno inspirarse de sus reflexiones como punto de partida para lo contemporáneo. Como cuando afirma que "la educación consiste en sugerir los ideales que se presumen propicios a la perfección" o cuando afirma que "las ilusiones tienen tanto valor para dirigir la conducta como las verdades más exactas."
A distancia prácticamente de una centuria completa, el costarricense Luis Camacho escribió un Ensayo sobre la mediocridad, igualmente digno de relectura. Su enfoque es menos caracterológico, relacionando el término más bien con subdesarrollo. Esta vez lo lapidario no está tanto en la redacción del texto, como tal, como sí en ciertos títulos: "Medio, mediano, mediocre", reza uno; "mediocridad y excusas", sugiere otro. En el filósofo actual prevalece una rica preocupación por la lengua, finita por definición pero llamada a cubrir una cantidad infinita de significados, en permanente evolución.
En otro título, casi cervantino, el actual Vicerrector de Docencia de la Universidad de Costa Rica advierte sobre "de cómo la mediocridad está siempre al acecho" y tiene la audacia de aplicarle el famoso Principio de Peter, con un diagnóstico feroz:
&...;la organización así afectada (&...;) acomodará sus aspiraciones a sus escasas posibilidades, se olvidará poco a poco de que existen otros parámetros, y acabará congratulándose de una supuesta excelencia que, mirada desde fuera, no es más que complacencia en la pobreza de logros.
Eso lo leí durante la semana "universitaria" (la de la UNA como de la otra). Todo parecido con la actualidad es mera coincidencia. ¿De verás?