Opinión

La modernidad pendiente

La prueba de fuego en México será negociar la reforma fiscal y tributaria

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Vicente Fox está asumiendo un gran riesgo. Ha prometido al pueblo mexicano, ni más ni menos, la modernidad política y civil, a sabiendas de que ello supone la titánica tarea de desmontar, después de siete décadas, al ogro filantrópico, al Estado-Partido omnímoda y cerrado, a la corrupción y al clientelismo estatal, a un centralismo presidencial que alcanzó niveles imperiales, una suerte de extensión civil –atemporal, real e irreal al mismo tiempo– de la semideidad de Monctezuma. Y Fox, en forma arrojada, está prometiendo cambios sustanciales en seis años, una especie de ajuste de cuentas de las manecillas del reloj, una búsqueda acelerada del tiempo perdido. Ha prometido la transparencia, la lucha contra la corrupción, la paz en Chiapas, el control de la gestión política, el pago de impuestos, el aumento de la producción, la inversión social y la lucha contra la pobreza. La descentralización y la modernización del aparato público. Ponerse al día con la historia.








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