En un mundo global como en el que vivimos, la lucha contra el mal del siglo, que es el terrorismo, no puede ser sino global. Creer que hay terroristas buenos, o favorecerlos en nuestra conciencia, es abrir un campo de preferencias y excusas que solo puede abonar esa planta maligna que es el terror. Excusas tan letales como una granada que cualquier día puede explotar en nuestras propias narices.
Ni la peor de las animadversiones debería llevar a nadie a justificar actos de terror, donde hay de por medio vidas de inocentes, si es que queremos construir un mundo en paz y seguro para todos. Tampoco el magnicidio ni el asesinato político se justifican. No creo que haya muchos que, hasta donde voy por estas reflexiones, estén en desacuerdo conmigo, y aun habrá algunos que se mostrarán perplejos porque me escuchan insistir en algo tan obvio. Pero ¿es realmente así?
La reciente liberación en Panamá, por medio de un acto de estado, de los cuatro terroristas encabezados por Luis Posada Carriles, con cuentas pendientes en varios países de Latinoamérica, viene a ser un serio atentado a la concertación universal lograda en contra del terrorismo después del 11 de septiembre de 2001. Ninguna frontera ideológica, política o religiosa parecía poder interponerse ya para frustrar la voluntad unánime de enfrentar el terror, un tema anotado como primera prioridad en la agenda de las naciones, y en los foros internacionales, voluntad en la que volvimos a afirmarnos después de la horrorosa masacre de Madrid el 11 de marzo de este año.
Pasajeros civiles. ¿Cuál es la diferencia entre hacer estallar en pleno vuelo un avión lleno de pasajeros civiles, como ocurrió en 1976 con el vuelo de Cubana de Aviación que cubría la ruta entre Barbados y La Habana, y hacer estallar aviones, también llenos de pasajeros civiles, contra las Torres Gemelas de Nueva York, como ocurrió en el 2001? ¿O trenes? En el avión de Cubana viajaban los jóvenes del equipo de la selección cubana de voleibol. ¿Podemos imaginar lo que pasaría si algún loco criminal atentara contra un avión en el que viajara el Dream Team –la selección de basquetbol de los Estados Unidos–?
La decisión de la presidenta saliente de Panamá, Mireya Moscoso, a escasos días de dejar el gobierno, coloca en riesgo la seguridad del continente, en primer lugar a la de Centroamérica, en alguno de cuyos países se supone que Posada Carriles ha encontrado refugio, protegido, según noticias, por personajes poderosos. Como el Gobierno de El Salvador ha puesto en alerta a toda los países de la región, ante la presunta presencia de terroristas de al-Qaeda que han jurado vengar el envío de tropas salvadoreñas a Iraq, ya podemos darnos cuenta del abono que este reciente acto de gracia hace a la peligrosidad de la situación. Las bombas nunca preguntan la identidad política de las víctimas.
Lamentable declaración. Actos como el de la señora Moscoso, dentro de este mismo mundo global en que vivimos, han dejado de ser soberanos de acuerdo con los criterios del pasado y van a encarnar una responsabilidad compartida que desborda las fronteras. De modo que es lamentable la declaración del Departamento de Estado excusando este hecho como algo interno, que concierne solo a Panamá, si son los Estados Unidos mismos el principal blanco del fervor terrorista, y frente al que han debido crear una enorme maquinaria de seguridad.
Pongamos atención a lo peligroso que resulta dilucidar este caso conforme simpatías o antipatías políticas alrededor del régimen de Cuba, y para que todos podamos ser sinceros abanderados de la causa antiterrorista, debemos elevarnos por encima de los criterios políticos o ideológicos. No se necesita ser castrista para sentirse indignado por la liberación de Posada Carriles ni se necesita ser proyanqui para sentir la misma indignación por la hecatombe de las Torres Gemelas. Y quien comparta la aberración de que Posada Carriles es un patriota no debería asombrarse de que otros, desde su propio extremo, consideren a bin- Laden el adalid de una causa santa.
Acciones injustificables. Dos aviones comerciales de pasajeros acaban de ser dinamitados en el aire en Rusia por las organizaciones extremistas que proclaman, a cualquier costo, la independencia de Chechenia. ¿Pueden estas acciones ser justificadas por razones patrióticas? Seguramente que no, como tampoco sería un juicioso acto de Estado el hecho de que el general Pervez Musharraf, presidente de Paquistán, ordenara el indulto de los dirigentes terroristas de al-Qaeda presos en ese país.
Es peligroso eximir a quienes quieren el derrocamiento del régimen de Cuba a cualquier costo de los parámetros éticos y humanitarios en que la comunidad internacional cimenta la lucha contra el terror, porque se trata, además, de las prácticas de una minoría extremista. Conozco a decenas de exiliados cubanos que no respaldan de ninguna manera estos procedimientos y buscan cómo hacer valer de otras maneras sus convicciones, y aun otros, como Eloy Gutiérrez Menoyo, lo hacen con hidalguía dentro de Cuba.
La serenidad y la justeza para juzgar el terrorismo como un todo maligno, debe guiarnos siempre, más allá de las pasiones, porque de otra manera tendremos cualquier día tocando a nuestra puerta esa mano ensangrentada que acecha en la sombra.