En su reciente y magnífico libro La Llama Doble, Amor y erotismo ( 1993) Octavio Paz reflexiona sobre las relaciones entre la sexualidad, el erotismo y el amor; la historia y evolución del amor en Occidente, su relación con la noción de persona, la decadencia de ésta y del amor en la civilización actual y sus implicaciones políticas. "El fuego original y primordial, la sexualidad, levanta la llama roja del erotismo y ésta a su vez, sostiene y alza otra llama, azul y trémula: la del amor. Erotismo y amor: la llama doble de la vida". La sexualidad es la base biológica, el erotismo es la versión humana del impulso, transformado por la representación y la imaginación, y dirigido en general; y el amor es la fijación libre en una única persona a la que se quiere en su cuerpo y en su alma, y con la que se produce el enamoramiento como conjunción del destino y de la libertad. Porque en la esencia del verdadero amor está la libertad personal. "El amor es una atracción hacia una persona única a un cuerpo y a una alma. El amor es elección; el erotismo aceptación. Sin erotismo - sin forma visible que entra por los sentidos- no hay amor, pero el amor traspasa al cuerpo deseado y busca al alma en el cuerpo y, en el alma al cuerpo. A la persona entera".
El amor verdadero quiere a la otra persona para su propio bien, no para el goce o interés propio. El erotismo no es el amor -y menos el sexo-, pero el amor erótico o querer fundado en la atracción sexual, se funda en ellos. El amor no erótico hacia los padres, los hijos, los amigos, o la humanidad en general, se basa en el querer puro, la familiaridad o la caridad. Pero el sexo puro es el impulso animal, e identificarlo con el amor, como lo hace la revolución sexual y la publicidad manipuladora, es degradar a los humanos y someterlos a servidumbre.
"El amor es la metáfora final de la sexualidad. Su piedra de fundación es la libertad: el misterio de la persona". Los rasgos distintivos del amor pueden reducirse a tres: "la exclusividad, que es amor a una sola persona; la atracción que es fatalidad libremente asumida; la persona, que es alma y cuerpo". El amor está compuesto de contrarios que no pueden separarse y que viven en lucha, pero estos contrarios "como si fuesen los planetas del extraño sistema solar de las pasiones, giran en torno a un sol único y doble: la pareja. Continua transmutación de cada elemento: la libertad escoge la servidumbre, la fatalidad se transforma en elección voluntaria, el alma es cuerpo y el cuerpo es alma."
Para Paz, el amor erótico tal como lo elabora Occidente proviene del amor cortés o cortesano de los poetas provenzales de la Edad Media influenciados por los árabes de Al Andaluz y los persas, y éstos a su vez por un platonismo transformado, porque en Platón el erotismo fue un medio para acceder a la contemplación de las formas universales. "Dante cambió radicalmente al amor cortés al insertarlo en la teología escolástica", y Petrarca lo trajo de nuevo a la tierra porque sus poemas no relatan visiones sobrenaturales, sino "análisis sutiles de la pasión. El poeta se complace en las antítesis --el fuego y el hielo, la luz y la tiniebla, el vuelo y la caída, el placer y el dolor--" ...."es el primer poeta moderno; quiero decir el primero que tiene conciencia de sus contradicciones y el primero que las convierte en sustancia de su poesía. Casi toda la poesía europea del amor puede verse como una serie de glosas, variaciones y transgresiones del Canzonieri".
"El legado provenzal fue doble: las formas poéticas y las ideas sobre el amor. A través de Dante, Petrarca y sus sucesores, hasta los poetas surrealistas del siglo XX, esta tradición ha llegado hasta nosotros. Vive no sólo en las formas más altas del arte y la literatura de Occidente, sino en las canciones, las películas y los mitos populares". El "amor cortés" se basó por otra parte, "en la elevación de la mujer, que de súbdita pasaba a ser señora. El "amor cortés" otorgaba a las damas el señorío más preciado: el de su cuerpo y su alma", y, aunque no era una reforma jurídica fue un cambio en la visión del mundo que, "al trastocar el orden jerárquico tradicional, tendía a equilibrar la inferioridad social de la mujer con su superioridad en el dominio del amor".
"Aunque el amor sigue siendo el tema de los poetas y novelistas del siglo XX está herido en su centro: la noción de persona. La crisis de la idea del amor, la multiplicación de los campos de trabajo forzado y la amenaza ecológica son hechos concomitantes, estrechamente relacionados con el ocaso del alma" que hoy "amenaza con disolverse". Los enemigos del amor no son los antiguos, "sino la promiscuidad, que lo transforma en pasatiempo, y el dinero que lo convierte en servidumbre. Si nuestro mundo ha de recobrar la salud, la cura debe ser dual: la regeneración política incluye la resurrección del amor. Ambos, amor y política, dependen del renacimiento de la noción que ha sido el eje de nuestra civilización: la persona". No nos damos cuenta de que por una parte la libertad erótica ha sido "confiscada por los poderes del dinero y la publicidad; por la otra del paulatino crepúsculo de la imagen del amor en nuestra sociedad". Así, inválidos del espíritu a cuenta de la libertad del cuerpo o del sexo, caemos en la servidumbre y la manipulación al servicio de los poderes del lucro. Eros y Psiquis esclavos al servicio de Mammón. Estados y fuerzas "desalmadas", alienación y manipulación de los individuos como átomos sociales, por fuerzas comerciales, sociales y políticas. Paz entonces se pregunta: "¿Cómo extrañarse entonces de que la libertad erótica designe hoy una servidumbre?"
Para Paz, el ocaso de la noción de persona no sólo explica el trastrueque del sexo por el amor, sino que es "el principal responsable de los desastres políticos del siglo XX y del envilecimiento general de nuestra civilización. Hay una noción íntima y causal, necesaria, entre las nociones de alma, persona, derechos humanos y amor".
Al final termina con estas sobrecogedoras palabras: "Este largo rodeo ha tocado a su fin. Su conclusión es breve: los males que aquejan a las sociedades modernas son políticos y económicos, pero asimismo son morales y espirituales. Unos y otros amenazan el fundamento de nuestras sociedades: la idea de persona humana. Esa idea ha sido la fuente de las libertades políticas e intelectuales; asimismo, la creadora de una de las más grandes invenciones humanas: el amor. La reforma política y social de las democracias liberales capitalistas debe ir acompañada de una reforma no menos urgente del pensamiento contemporáneo. Kant hizo la crítica de la razón pura y de la razón práctica; necesitamos hoy otro Kant que haga la crítica de la razón científica".