Con la globalización y la Internet, inicialmente bajo fuerte influencia estadounidense, muchos pudieron haber pensado que otras lenguas diferentes del inglés iban progresivamente a desaparecer o a devenir secundarias. Ese no parece ser el caso, principalmente porque, por un lado, los pueblos tomaron conciencia de que las lenguas son parte importante de las identidades culturales y, por otro, porque, paradójicamente, el ascenso en potencia de las nuevas tecnologías facilita el acceso a la información, en todo momento, en todas las lenguas. Por lo tanto, mientras el inglés dominaba la Internet en sus inicios, hace 15 años, ahora estamos lejos de eso.
El surgimiento de sitios en español, árabe, chino, japonés, portugués, etc., redujo la importancia relativa del inglés en la Web. No debe sorprender entonces que evoque aquí, con ayuda de algunos ejemplos, el caso del francés, que conoce un verdadero renacimiento en el mundo, en parte gracias a las nuevas tecnologías de la información.
Así, es interesante señalar que la Cumbre de la Francofonía, en setiembre pasado, tuvo lugar por primera vez en Europa del Este, en Bucarest, Rumanía. Efectivamente, Rumanía es uno de los 63 países miembros o miembros observadores de la Organización Internacional de la Francofonía (OIF), que preside el expresidente de Senegal, señor Abdou Diouf.
Se debe subrayar que la OIF reúne casi a un tercio de los países miembros de la ONU. Si bien, en estos países –que tienen 710 millones de habitantes–, el francés no siempre es lengua nacional, se la considera de suficiente importancia en los intercambios y en la vida cultural e intelectual como para que sus dirigentes se sientan miembros de la gran familia francófona. En los últimos años, la cumbre de la OIF se ha realizado en Beirut, en Bamako, en Hanoi..., y la próxima tendrá lugar en Quebec (Canadá).
Más que palabras. Si tantos países se sienten bien en la familia francófona, es porque una lengua es más que palabras y frases. Es una manera de ver el mundo, una manera de pensar. Los que viven en los países hispanófonos o lusófonos, por ejemplo, saben muy bien que de lo que se trata, para cada hablante, es de garantizar y vivir, a través de la identidad cultural, una forma de humanismo del siglo XXI, lo que constituye una de las mayores apuestas políticas de la mundialización y un desafío prioritario para esferas lingüísticas como la francofonía.
Otro ejemplo es el entusiasmo de los asiáticos por la lengua francesa. En China, se abre ahora una Alianza Francesa cada año. Además de la antigua de Hong Kong, se cuentan 11, y algunas con anexos. Otras tres Alianzas están en proyecto. La asociación con las universidades da excelentes resultados. Así, en Shangai, desde 1992, más de 40.000 estudiantes han sido formados por la Alianza; y, en Beijing, desde 1996, más de 10.000.
La progresión anual del número de alumnos es ¡del 20%! ¿Por qué este entusiasmo por la lengua de Victor Hugo? Se puede ver en eso al menos dos razones: los chinos gustan del refinamiento y probablemente encuentran, en el francés, una lengua llena de matices; pero también son un pueblo pragmático.
Como ellos organizarán los Juegos Olímpicos en el 2008, desean estar listos en el plano lingüístico porque el francés y el inglés son las lenguas del Comité Olímpico Internacional. En el largo plazo, los chinos, pueblo de comerciantes que desea abrirse al mundo, saben muy bien que el francés se habla en los cinco continentes y muy en particular en África, donde ellos decidieron invertir masivamente y donde desean ejecutar una fuerte acción de cooperación. Hace dos semanas, por primera vez, organizaron una cumbre de Jefes de Estado de África en Beijing. El francés es una de las dos principales lenguas habladas en el continente negro.
Otros países asiáticos, como Japón y la India (15 Alianzas Francesas), Camboya, Laos, Vietnam, etc., ponen en práctica programas de aprendizaje del francés, en especial a través de clases bilingües y departamentos universitarios de francés.
Sorbona en el Golfo. En los Emiratos Árabes Unidos (EAU), en Abu Dhabi, a varias horas de avión del Barrio Latino, la Universidad París-Sorbona abrió, este 8 de octubre, un campus para estudiantes del Golfo, que podrán seguir la misma enseñanza que en París.
Se trata de una verdadera revolución ya que, más allá de la lengua, es evidente que los estudiantes van también a desarrollar otra forma de espíritu crítico, que facilitará mejor comprensión entre el Islam y Occidente.
Naturalmente, los alumnos tendrán luego la posibilidad de ir a estudiar a Europa, en particular a Francia (donde tenemos, en el 2005-2006, más de 265.000 estudiantes extranjeros), y podrán también continuar sus estudios en otras universidades francófonas. Abu Dhabi tiene la ambición de convertirse en un nuevo polo regional de la francofonía, después de El Cairo y Beirut.
El emirato está construyendo en la arena, cerca del aeropuerto, una réplica de la Sorbona. Al mismo tiempo, el Jeque solicitó ayuda al Liceo Louis le Grand, a la Escuela Normal Superior y a la Escuela Central en París para montar una carrera de ingeniería. Este dispositivo se agregaría a la universidad francesa de la moda, ESMOD-DUBAI, que acaba de iniciar su primer año lectivo en Dubai, y a los cuatro liceos franceses de los EAU.
Lengua ineludible. Si el francés progresa es porque es considerado una lengua ineludible en numerosos campos, en razón sobre todo de su precisión, útil en particular en la política, la diplomacia, el campo cultural, el jurídico..., sin estar ausente, por supuesto, del mundo de los negocios. Se considera en especial su utilidad en sectores como turismo, ambiente y desarrollo sostenible.
Es sin duda lo que explica que, en Bruselas, una de las tres capitales francófonas de Europa (con Estrasburgo y Luxemburgo), 30% de los documentos se redactan en francés, mientras que la Unión Europea solo cuenta con tres países de lengua materna francesa (Bélgica, Luxemburgo y Francia); pero es cierto que, actualmente, casi la mitad de los 27 países que conforman la Unión Europea son miembros o miembros asociados de la Organización Internacional de la Francofonía.
En la ONU, el francés es una de las seis lenguas oficiales (con inglés, chino, español, ruso y árabe) y de las tres lenguas de trabajo de la Organización (junto con el inglés y el español); además, la sede europea de la ONU está en Ginebra, ciudad suiza francófona.
Costa Rica, que escogió la enseñanza del francés desde mediados del siglo XIX, participa en la vida de la familia francófona con las clases de francés en el colegio, en las universidades públicas (UCR, UNA, UNED, ITCR), en el Liceo Franco-Costarricense, en la Alianza Francesa (en Barrio Amón y La Sabana).
Varios establecimientos privados enseñan también esta lengua, que comparten países tan distintos como Canadá, Bélgica, Suiza, Haití, Líbano y Senegal, entre otros.
Costa Rica posee así un instrumento complementario, una ventaja comparativa para su apertura al mundo, objetivo abordado por las autoridades con el fin de aprovechar los beneficios de una globalización controlada en la cual, mañana, la diversidad existirá para la economía así como para la cultura y las lenguas.