
Con la presencia de la ministra a.i . de Cultura, Juventud y Deportes, Amalia Chaverri, de la rectora de la Universidad Nacional, Sonia Marta Mora Escalante, del embajador de España en Costa Rica Juan José Urtason Erro, y del Consejo Universitario de la Universidad Nacional, se realizó, el pasado jueves 16 de setiembre, el acto oficial de entrega del Doctorado Honoris Causa de la UNA al distinguido ex/director de la UNESCO, intelectual y humanista español, Dr. Federico Mayor Zaragoza. A continuación presentamos extractos del discurso de aceptación del doctorado, pronunciado por el Doctor Mayor Zaragoza en el Teatro Nacional.
La seguridad que nace de la paz. La sociedad costarricense es símbolo de la resolución pacífica de los conflictos y de la aversión a la guerra, de la seguridad que nace de la paz y no de la paz originada en la seguridad. Este hecho es importante en estos momentos cuando se intenta nuevamente, a pesar de la desgarrada y triste lección de la Unión Soviética y de los sistemas dictatoriales, que la seguridad surja no de la paz, de la justicia y de la libertad, sino del miedo, el silencio y el recelo. Costa Rica, símbolo de una cultura de paz y no de violencia, cultura de la palabra y de la razón, frente a una cultura del dominio y la imposición, podría iluminar tantos espacios y tantos estudios a escala mundial, tendientes a la adecuada difusión de los derechos humanos. Si la paz es el símbolo de Costa Rica, Costa Rica es una gran nación porque lo que cuenta no es la extensión territorial ni el poderío económico y militar, sino la contribución que se hace a la humanidad en su conjunto y en procura de su bienestar.
Desarrollo en armonía con la naturaleza. No existe ningún país tan pequeño que no tenga lecciones que dar a otros países, ni hay países tan grandes y poderosos que no tengan lecciones que recibir. Costa Rica es símbolo de paz en la Tierra, pero también de paz con la Tierra, de ahí su decisiva participación en la formulación de la Carta de la Tierra, uno de los documentos más importantes e inspiradores del siglo XX y del nuevo milenio. La sociedad costarricense, en este espacio centroamericano, debe desempeñar un papel armonizador, conciliador y facilitador de encuentros, porque es la palabra la que al fin prevalecerá sobre el músculo.
En este sentido, la Universidad Nacional está consciente de la singular importancia de su misión. Su Rectora, doctora Sonia Marta Mora, ha expresado que la Universidad Nacional es una institución pública de educación superior reconocida por su capacidad de relacionarse con la sociedad y trabajar, junto a los sectores sociales, en la resolución de agobiantes problemas en los campos educativo, político, ambiental y cultural, razón por la cual esta institución busca, de modo permanente, fortalecer su compromiso social. Sobre esta base, la UNA es una institución donde el conocimiento se genera para ser aplicado al conjunto de la realidad y no solo a una parte de ella.
La fuerza movilizadora de la poesía. La ministra a.i. de Cultura, Amalia Chaverri, se ha referido a la fuerza movilizadora de la poesía. Les puedo decir que en mi vida esta ha sido de gran ayuda. Debemos tenerla siempre cerca, leerla e ir colocando, bajo su inspiración, los hitos de nuestro propio camino, de nuestra propia trayectoria, porque el poder creador del sentimiento es tan importante como el del pensamiento, a través de los sentimientos y de los pensamientos vamos construyendo nuestro recorrido cotidiano. Hacemos las cosas, normalmente, para unos cuantos, nos ocupamos solo del 17 por ciento que vive en el barrio privilegiado y próspero de la aldea global, del 17 por ciento que disfruta del 83 por ciento de todos los recursos, incluido el conocimiento, mientras que el resto de los seres humanos, la inmensa mayoría, debe conformarse con las migajas, y habitar en los barrios periféricos marginales de esta aldea global que tenemos que construir de otra manera y para todos, como insinuaba un poeta catalán en su poema “¿Quién sino todos?” Y otro poeta, también catalán, afirmó, en uno de sus versos, que los hombres no son si no son libres y que las mujeres no son si no son libres. Precisamente esta labor liberadora que se expresa en la poesía es la que caracteriza a la educación en su conjunto y a la educación superior en particular.
Antonio Machado, este gran poeta, sostuvo que es necio confundir valor y precio. Precisamente ahora estamos haciéndolo, pensando que son los precios, el mercado, el que debe guiar nuestra vida, cuando en realidad, como lo ha dicho la señora Rectora, son los valores y los principios. A partir de ellos buscaremos caminos y si no los encontramos, los inventaremos. No otro es el sendero de los maestros, de los profesores, de ese enfoque interdisciplinario que caracteriza la vida universitaria y que permite encontrar soluciones a los problemas con justicia y con serenidad.
Diálogo, educación, libertad. En alguna ocasión el rey de España reafirmó esta idea de que hablando se entiende a la gente y esto fue interiorizado por todos los ciudadanos y las ciudadanas: monárquicos y no monárquicos, creyentes y no creyentes, pertenecientes a distintas ideologías y religiones. Es la palabra, el diálogo, el que debe situarse en el centro de las discusiones y es la educación el proceso que permite que lleguemos a dirigir con sentido nuestra propia vida, que seamos directores de nuestra propia vida, que escuchemos, que sepamos los puntos de vista de los demás, que nunca tratemos de imponer los nuestros por la fuerza, que estemos en permanente diálogo. La educación nos permite dirigir con sentido la propia vida para no ser dóciles, para tener libertad y ejercerla, para participar. Porque no hay democracia sin participación de los ciudadanos, no hay democracia si las instituciones callan cuando deberían hablar.
Los silencios interesados. En este sentido, me preocupan mucho los silencios de quienes debiendo hablar no lo hacen, debiendo levantar la voz miran a otro lado. Tenemos que tener la valentía de mirar la realidad y tomar nuestra propia decisión, que nadie nos induzca a tener una posición u otra. La democracia es la voz del pueblo, no solo un conjunto de normas y procedimientos, de ahí la importancia de pensar y expresar lo que se piensa, con solidez, con fundamento.
Realismo y utopía. Pero pensar, además de solidez y fundamento, y esto es lo que permite la educación superior, también nos debe llevar más allá de la realidad. A inventar, no solo descubrir, sino también crear, a ser capaces de trascender el entorno y plantear lo que algunos llaman soluciones utópicas. En este sentido no hay que ser realista, porque para transformar la realidad se necesita querer cambiarla y para querer cambiarla es imprescindible vislumbrar otro horizonte, otra realidad. Si solo tenemos un conocimiento epidérmico, si solo nos conformamos con percepciones externas y simples, no podremos transformar la realidad con sentido positivo y humanista.
La importancia de levantar la voz. En las universidades debemos ser conscientes del gran valor de nuestra fuerza: el conocimiento, los valores, la unidad. Esto es lo que deseo para la Universidad Nacional, que hoy me distingue. Se puede mucho si estamos unidos y si hablamos, si conversamos, en un diálogo permanente. Se puede transitar desde una cultura de la fuerza y de la intransigencia, hacia otra del diálogo, el entendimiento y la paz. Mi madre decía “…trabajemos mucho y durmamos poco, que ya tendremos tiempo para descansar…”; las universidades no pueden cesar en sus empeños, en sus misiones. Que dentro de 30, 40, 50 ó 100 años, cuando nuestros descendientes vuelvan la mirada hacia atrás, no digan “…esperábamos su voz, pero su voz nunca nos llegó”.