La amistad de Costa Rica con Estados Unidos no es ingenua o gratuita. EE. UU. es nuestro principal socio comercial y, así como hemos mantenido diferencias, hemos sido aliados en diversos momentos. La amistad se funda en el respeto mutuo, principalmente por el capital de Costa Rica ante el mundo por sus logros sociales, ambientales y de derechos humanos.
Esta realidad no se puede desligar de los hechos y decisiones que construyeron nuestra república. El pasado convive con el presente.
Desde el inicio de la vida independiente, el proyecto de una Centroamérica federal trató de imponerse en la región. Hubo tres guerras federales y, exceptuando la intervención de Morazán, Costa Rica estuvo al margen.
Diferente. Ante la amenaza anexionista de William Walker, Costa Rica asumió heroicamente la campaña de 1856, para defender la independencia. Costa Rica fue diferente, pero no solamente en lo político o militar, puesto que en ese siglo instituyó la educación gratuita y obligatoria.
Fuimos el primer país de la región que se especializó en el cultivo del café al insertarse en el mercado mundial, superando problemas de acceso al crédito; además, la repartición de la tierra permitió un desarrollo más equilibrado. Si bien se constituyó una oligarquía cafetalera, no condenó a la sumisión a otros estratos sociales dentro de esquemas de grandes propietarios de tierra -que aún hoy persisten- como en El Salvador y Guatemala.
En la primera mitad del siglo XX, Costa Rica superó la amenaza de las dictaduras, en contraposición con el resto de la región. Nuestro país no se conformó con esa diferencia, sino que fue el único del istmo que llevó adelante las reformas sociales de 1943 y 1948. Y abolió el ejército.
Eso le permitió, en el periodo 1950-1978, constituirse en una de las naciones más desarrolladas de Latinoamérica. Democrática y más equitativa, no cayó en las guerras centroamericanas de las décadas de 1970 y 1980.
Herencia. Nuestras generaciones han heredado un legado excepcional. El orgullo de escribir estas palabras no esconde ninguna jactancia xenofóbica ya que existe un deseo afectuoso y genuino para que el devenir de los pueblos centroamericanos sea el mejor.
Costa Rica tiene un Estado de derecho más sólido, transparente, de mayor seguridad, mejores índices de educación y salud, recurso humano preparado, mejores mecanismos de rendimiento de cuentas, una red de promoción social mucho más eficaz y un exitoso historial de apertura comercial. Todo eso gracias a que hemos hecho las cosas de manera distinta.
La historia de Centroamérica no comenzó con las negociaciones del TLC con EE. UU. No creemos que este TLC sea beneficioso para la mayoría de las/los costarricenses. Creemos en renegociar lo que resulta malo en el texto existente. Nunca hemos pretendido rechazar de plano un tratado de libre comercio con EE. UU. Creemos en el comercio, pero en el comercio justo.
No es de recibo el argumento de que, porque el resto de Centroamérica lo esté aprobando, nosotros debamos hacer lo mismo. ¿Qué sería de nosotros si hubiéramos seguido sendas similares a las de nuestros vecinos? Es irresponsable obviar el pasado.
Si hemos tenido el valor de caminar las rutas más difíciles y menos transitadas en el pasado, aquellas que llevan al progreso, hoy tampoco debemos tener miedo de asumir el camino de la mayor aspiración para él. Costa Rica tiene altura moral para solicitar a una democracia amiga, que reconoce las diferencias positivas de nuestro país, una renegociación.