3 enero, 2003

Entre las más lindas experiencias que he tenido está la visita a la Escuela Japonesa de San José. Igual que el Colegio Humboldt, el liceo Franco-Costarricense y el Colegio Weizman, esta escuela tiene la particularidad de enseñar un idioma pero, sobre todo, de difundir una cultura y modelar en sus estudiantes una forma particular de pensar; en los cuatro casos, son colegios rigurosos en lo científico y sólidos en la formación humanista.

La Japonesa es una pequeña gran escuela; la matrícula total de estudiantes de primaria y secundaria es de 26, lo que hace aún más enriquecedora la formación por ser casi tutorial. Los alumnos estudian con intensidad; tienen un ciclo lectivo largo –como si estuvieran en Japón– con 3 períodos de vacaciones: 15 días en diciembre, 22 días en agosto y 15 días en marzo; van a clases hasta las 3:30 p. m. Se les ve felices, a todos; los del kinder entretenidos con su maestra; los de escuela y colegio con sus profesores japoneses, aprovechando cada minuto en formarse integralmente... con solo verlos comprendemos el "milagro japonés" de contar con una de las poblaciones más educadas del mundo: ¡es que disfrutan la educación!

Más horas, más días. El sistema de educación japonés tiene 6 años de la escuela primaria, 3 de secundaria básica y 3 de secundaria superior (similar a la europea, con 6 años de secundaria). En términos de ciclo lectivo, los estudiantes japoneses reciben 50 días más de instrucción por año que los niños estadounidenses, lo que al concluir la secundaria se traduce en términos reales entre 3 y 4 años más de instrucción que los estadounidenses; si hablamos de matemática, al contar las horas y días de clase, el alumno japonés recibe unos dos años más que uno estadounidense (Okimoto, Daniel, & Thomas Rohlen, eds. Inside the Japanese System. Stanford University Press, 1988). En relación con las horas de clase, los japoneses reciben de 6 a 8 horas, de lunes a viernes, y los sábados reciben medio día lectivo. En cuanto a acceso a la educación en Japón, las enseñanzas primaria y secundaria básica son gratuitas y obligatorias, y el 92% de los jóvenes concluye los estudios secundarios.

Mientras tanto, en Costa Rica, unos pocos estudiantes tienen la gran oportunidad de formarse en la Escuela Japonesa y en otros centros de enseñanza de gran rigor académico, y para quienes asisten a la enseñanza pública, el Ministerio de Educación Pública debate la conveniencia de mantener 200 días de clase. Esto es particularmente grave a la luz de los datos del último informe del Estado de la Nación que recomienda precisamente mejorar la educación secundaria en cuanto a calidad, diversificación de la enseñanza y cobertura, que es de apenas un 54,2%, "como mecanismo para dar pasos firmes hacia la reducción de la pobreza y la ampliación de las oportunidades para las futuras generaciones". Esa oferta de oportunidades tiene base en la educación, sobre todo de los pobres, que son hoy el 22,9% de la población, aunque el porcentaje podría considerarse mayor si tomamos en cuenta que, según la Encuesta de Hogares, casi el 40% de los hogares costarricenses tiene una o más necesidades básicas insatisfechas.

Lección por aprender. Hagamos de la educación una prioridad nacional. Mantengamos el ciclo lectivo en por lo menos 200 días. Aprendamos de la Escuela Japonesa, y de tantas otras, para afrontar los retos educativos contra la repitencia y la deserción, por la calidad y cobertura universal. Y agreguemos a esos desafíos uno muy importante: la lucha contra quienes quieren empobrecer al país y a sus habitantes con una deficiente educación pública, que polariza peligrosamente al país en una Costa Rica educada y otra excluida de las oportunidades.