La Cooperativa de Productores de Leche Dos Pinos celebra el aniversario 60, y la verdad es que, como costarricense y cooperativista, no puedo ocultar el orgullo y la satisfacción tan grande que siento por lo que esta empresa ha logrado.
En realidad, es admirable como aquellos 25 lecheros campesinos tomaron la decisión de constituir esa Cooperativa, movidos por el sueño de desarrollar una empresa que a la postre les permitiera alcanzar mejores condiciones de vida y, a la vez, suministrar un producto esencial para la nutrición de las familias costarricenses.
En 1947, cuando se fundó la Dos Pinos –como le decimos los ticos–, nuestra querida Costa Rica intentaba encontrar su propia identidad de país. Las limitaciones de infraestructura, tecnología, educación y servicios en general eran casi infinitas, pero esas circunstancias adversas ni detuvieron ni atemorizaron a aquel grupo de lecheros y sus familias; en ellos siempre pudo más la convicción de que juntos, a base de esfuerzo, saldrían adelante.
Ticos ejemplares. A lo largo de esas seis décadas, gracias a la actitud y carácter de esos ejemplares compatriotas, nuestros padres, nosotros y nuestros hijos hemos tenido el placer y la bendición de tomarnos la lechita, comernos la “parejita” o saborearnos la “chocoleta”; yo lo disfruté por primera vez en Golfito, a principio de la década de 1960, a pesar de que entonces ni siquiera conocía San José, donde la Dos Pinos tenía su planta procesadora.
Haciendo un repaso de su historia, han sido 60 años de gestión empresarial visionaria, de evolución permanente, de cambios, de adaptación, de invención y reinvención, de dura competencia, de luchas y desafíos, de aciertos y, por qué no, de errores; pero, por encima de todo, décadas de nuevos sueños, de mirar el futuro con responsabilidad, con optimismo y con fe, de que nos sorprenderían siempre con algo mejor.
En resumen, hoy tenemos evidencia de una Dos Pinos sexagenaria con liderazgo indiscutible en el mercado local, con metas claras de consolidarse como líderes en Centroamérica y el Caribe, una empresa en esencia solidaria, generadora y distribuidora de riqueza socioeconómica, eficiente, que compite a base de excelencia y calidad y de tantas otras virtudes que podríamos destacar.
Reconocimiento y gratitud. Considero que es momento oportuno de que, en el país, hombres, mujeres, adultos y jóvenes nos detengamos a reflexionar sobre esta encomiable obra, construida por ticos comunes y silvestres, y con mucha honra tributemos sincero reconocimiento y gratitud por el beneficio que han aportado a nuestra sociedad a lo largo de 60 años.
Pero también pienso en la obligación de que vayamos un poco más allá y nos miremos en el espejo de la Dos Pinos para llenarnos de valentía, de convicción y tomemos conciencia, una vez más, de que los costarricenses tenemos capacidad y calidad suficientes para competir con clase mundial.
Creo que mirándonos en ese espejo recordaremos que, no en vano, el recurso humano costarricense es reconocido internacionalmente por su excelente formación académica, talento para agregar valor al desarrollo empresarial y, en especial, porque siendo un país pequeño, gracias a Dios y a su gente, siempre hemos tenido el ingenio para conquistar cosas que países grandes y más desarrollados no han podido.
Muchas gracias, amigos y hermanos cooperativistas de la Dos Pinos, por estimularnos a soñar y recordarnos que sí podemos, que no temamos, que David se enfrentó con decisión al gigante Goliat y lo mató.