La deuda política sirve para dar independencia a los partidos políticos de Costa Rica. Con ella los partidos políticos reciben recursos para realizar sus labores, así evitan depender de los aportes de grupos de interés.
Ayer por la noche mientras conducía, el director del programa de radio “La Hora que Ortiga”, Rolando González, refería su oposición a disminuir la deuda política, en referencia al proyecto de ley que se discute en la Asamblea Legislativa. Intento, respetuosamente, referir el sentido de sus palabras; él decía: “…debemos proveer recursos de todos los costarricenses a los partidos políticos… para evitar influencias nefastas, como la del narcotráfico… y más que disminuir la deuda política podría aplicarse parcialmente a financiar partidos de alcance municipal…”. Sus palabras me impulsaron a escribir esta nota.
Harían mal dos partidos políticos emergentes como el PAC y el Movimiento Libertario, en apoyar la disminución de la deuda política. Porque la deuda política beneficia a los partidos emergentes y pequeños. Ambos partidos deberían tener una sede de partido hermosa, que funcionara como un centro de estudio de los problemas nacionales, tener anualmente congresos y formación de sus miembros. Actividades de este tipo son las que crean un tejido cívico y político sano, que se traduce en una acción política saludable, eficiente, empeñosa y capaz.
Visión facilista. La idea de que la política y todos los políticos son malos, y entonces la deuda política es mala, es equivocada porque parte de que todo lo que toca la política se ensucia. Esa visión facilista nos exime, a los que estamos fuera del foro político, de responsabilidades cívicas. Es dañina en la medida que inhibe a personas valiosas de participar en el servicio público.
Quiero recordar a usted, estimado lector (a), que esas instituciones de las que nos enorgullecemos los costarricenses: la Caja, el ICE, el antiguo ITCO, los parques nacionales, las universidades, los bancos del Estado, nacieron y crecieron apoyadas por la acción política en Costa Rica.
Las páginas más brillantes, de la acción política costarricense se han dado encontrando soluciones costarricenses a problemas complejos; cito dos casos: la entrega de tierras a los campesinos funcionó como una sabia política de estímulo económico allá en los 60 y 70, como válvula de escape de la tensión social. [Fue una reforma agraria que nunca recibió ese nombre en tiempos de crispación ideológica].
La creación del sistema de parques nacionales transformó un país de base agrícola y ganadera en una nación pionera de la conservación, y esta inversión en la naturaleza hoy es el ancla del sector de industria más importante del país: el turismo. Nos define como nación: Costa Rica es Naturaleza.
Es difícil imaginar, y no han sucedido transformaciones como estas, en países vecinos en que los partidos políticos están tomados por grupos de interés: sin ningún contrapeso.
Debemos mantener la deuda política. Mejorar el sistema de auditoría de aportes privados a los partidos. Ampliar la deuda política en torno a los gobiernos municipales para financiar un tejido cívico y político sano.