Opinión

La desventaja del hombre en longevidad y en su vejez

En razón de su contribución a oficios domésticos y cuido de los nietos en la familia multigeneracional, las adultas mayores suelen ser más valoradas que los varones que han dejado de trabajar

La menor longevidad del hombre respecto a la mujer se aúna a condiciones inferiores de vida en la vejez de aquel para constituir una iniquidad que no ha sido atendida por las políticas públicas de salud y tercera edad, sino todo lo contrario. Sé que este es un postulado controversial, provocativo y políticamente incorrecto.

Que las mujeres viven más que los hombres es bien conocido. En Costa Rica la diferencia en la esperanza de vida al nacimiento es de 4,5 años: 80,6 contra 76,2 años en el 2003. En muchos otros países la brecha es mayor (v. gr.: Rusia, 14, o Puerto Rico, 9 años). Con una vida más breve, los hombres, tienen menos probabilidades de llegar a viejos y, en la vejez, tienen menos expectativa eventualmente de disfrutar de una jubilación.

Si la menor longevidad de los hombres fuese un acto divino, es decir, producto de la biología, quizás habría excusas para ignorarla como una iniquidad a corregir. Pero no es así. Estudios de monjes y monjas de clausura, es decir, con similares condiciones ambientales y de comportamiento, muestran que la brecha biológica entre los sexos es del orden de un año de esperanza de vida. El resto es producto social.

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