Opinión

La década de 1940

Disfruté y sufrí en carne propia ese “amor en los tiempos del cólera”

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Época convulsa, la viví intensamente; al principio estudiante en la Escuela Buenaventura Corrales, oí al doctor Rafael Ángel Calderón Guardia, en la plazoleta al frente, pronunciar un discurso sobre los límites con Panamá. Poco tiempo después, vi en la avenida central, de pie sobre un automóvil, la enjuta y alta figura de León Cortés, enfurecido contra el Gobierno. Una noche, en visita de cortesía, llegó a casa, allá por la cuesta de la Penitenciaría, Teodoro Picado –moreno, pelo negro lacio y vivos ojos eslavos color verde–, viejo condiscípulo de mi padre en el Colegio San Luis Gonzaga, allá en la brumosa ciudad abatida por el terremoto, y en la Escuela de Derecho.








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