
La práctica de la transparencia puede ser un obstáculo momentáneo para que un gobernante "haga obra". Pero es una necesidad indispensable para que la democracia se mantenga y perfeccione.
El enemigo más habitual de la transparencia es "buscarle la comba al palo". Consiste en eludir, neutralizar, desestimar, burlar o violentar los procedimientos legales y los debates abiertos, para sustituirlos por jugadas bajo la mesa que garantizan soluciones inmediatas, pero aseguran males futuros.
Por "buscarle la comba al palo" la empresa Millicom entró a la telefonía celular sin una modificación previa a la Constitución. El resultado ya todos lo sabemos; su costo puede llegar a los cientos de millones de dólares, sin contar el daño institucional causado.
Por "buscarle la comba al palo" se pretende que Aviación Civil financie actividades ajenas a su función, como compra de armas en secreto o de teléfonos celulares para un viceministro. Lo mismo se le quiere imponer a la moribunda CODESA, como si no fuera hora de que descanse en paz eterna.
Por lo mismo se han utilizado plazas de guardia rural para nombrar secretarias, programas de un ministerio pagan las cuentas de otro, o se usan fondos internacionales para "ajustar" salarios a funcionarios de alto rango. ¿Que muchas veces esto se emplea para obviar trabas absurdas? Cierto. Pero la verdadera solución es --como diría el Presidente-- "comprarse el pleito" de eliminar esas trabajas, no eludirlas en la penumbra.
Ahora que --al fin-- está en la picota pública el futuro de las telecomunicaciones del país, las autoridades deben tener muy en cuenta las amargas lecciones del pasado. Porque, en este como en otros casos, es mejor un debate intenso, difícil y hasta costoso, pero que conduzca a soluciones estables, abiertas y legítimas, que de nuevo buscar la comba a un palo que podría llegar a quebrarse.