Tiene razón Telmo Vargas (Página Quince, 21/2/06), al decir que el Ministerio de Cultura Juventud y Deportes tuvo la feliz idea de realizar certámenes para salvar nuestro patrimonio arquitectónico. Gracias a ello, personas comunes y corrientes podemos exponer algo de lo poquito que conservamos de las historias de nuestras familias, y así contribuir en alguna medida a la historia arquitectónica de Costa Rica. Cabe mencionar algo de lo poco que aún a nadie se le había ocurrido botar para hacer un mall o un edificio.
Respecto a la opinión expuesta por el señor Vargas, quisiéramos aclarar algunos puntos de los que no está enterado.
A simple vista, pudimos observar cómo el arquitecto del Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural, encargado del proyecto, y la empresa restauradora realizaron cuidadosamente el inventario, una a una las piezas, desde la más grande hasta la última clavija; como dice, el objetivo era conservar la mayoría de piezas posible, era lo que todos esperábamos.
Posteriormente, la casa se fue desarmando con mucho cuidado, como rompecabezas, y ahí se nos cambió la historia. el comején y el tiempo, que no pasa en vano, habían dejado su huella en cada una de las piezas y no había nada que se pudiera volver a utilizar. Aquellas tucas valiosas por toda la historia que llevan consigo, están literalmente apurrusadas, como dirían nuestros abuelos. Por aquello, explico: comidas totalmente por el comején, al punto de que son livianas como la piedra pómez.
Seguirá en pie. No dudamos, sin saber mucho de restauración, que de haber dejado esas piezas, aunque fuera ya curadas en la casa de nuestro bisabuelo, no podrían soportar muchos años más, por lo que agradecemos el estupendo trabajo que realizó el Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural en la vivienda, y estamos seguros de que, aunque no sean las piezas originales ni las tejas de pierna gorda que la casa poseía, la vivienda seguirá en pie, fuerte y maciza, con sus clavijas y sus tejas luciendo por 150 años o más, y servirá para que los que quieran y se sientan orgullosos del patrimonio arquitectónico del país la disfruten como parte del paisaje cotidiano.
No se debe ir hasta el infierno para ver las buenas intenciones, hay realidades transportadas desde la historia que podemos disfrutar y que no estarían allí si no fuera por personas sensibles, que, aunque sean objeto de críticas superficiales, se esfuerzan y trabajan con responsabilidad; eso se agradece.
Lo invitamos cordialmente a que nos visite y, sin fotos, pueda ser testigo de un sistema constructivo, del cual ya casi no hay testimonios en el país.