
Hoy nuestros jóvenes reciben de la sociedad una vida apática, llena de confort, acceso a Internet y desprecio a las humanidades. Con estas bases educamos a una juventud que dentro de muy poco llevará la rienda del país. Hoy solo nos preocupamos de los valores materiales, sin inquietarnos por los valores morales, sociales y culturales.
Nuestra juventud es conformista y consumista. Tiene resistencia a integrarse, desconfía y ha perdido la ilusión. El poder, el dinero y la influencia consumista la invaden. Los jóvenes no participan en las cuestiones sociales y políticas. No quieren ser actores, desprecian su papel protagonístico. Los partidos políticos ya no le dan las responsabilidades y representación que les corresponden. Ya no existe la formación ciudadana en nuestra enseñanza. No les enseñamos a dialogar, a comprender los asuntos políticos y a la prudencia a la hora de la toma de decisiones. No hemos creado en Costa Rica un ambiente fértil, moralmente denso y humanamente acogedor, que abra espacios a la juventud para auto realizarse.
Sociedad. Vivimos en la Costa Rica de la superflua apariencia, donde lo que vale es el brillo del dinero. Nadie aprecia los valores auténticos. Tanto la familia, como los centros de enseñanza y los medios de comunicación lo que valoran es el éxito económico individual.
Nadie se preocupa por la solidaridad y responsabilidad social. No saben nuestros jóvenes cuáles son los problemas nacionales y menos los que está viviendo el mundo. Opinan de los tratados comerciales, pero no los han estudiado Tenemos jóvenes que viven para tener un iPOD, computadoras y las marcas de ropa y carros. Todos luchan por buscar una nueva posición económica. ¿Qué pasó con las ciencias? ¿Qué fue de los ideales? ¿Qué pasó con las humanidades? ¿Cuáles son sus obligaciones ante la sociedad?
Tierra fértil. Es una juventud que no estudia las humanidades. Ya no conoce nuestra juventud la filosofía, la literatura, la historia y el arte. El olvido de las humanidades ha conducido a la incomunicación. Ya no hablamos de Cervantes o Sheakespeare con nuestros jóvenes. Sus nuevos ídolos son los cantantes, jugadores y artistas de moda.
La creatividad y la innovación no existen. Los personajes y movimientos políticos no se estudian. Pese a que la juventud tiene acceso a la más amplia librería cibernética, no les hemos enseñado a leer.
Nuestra juventud invierte el tiempo en los juegos de playstation, oyendo música, viendo televisión y yendo al cine. Es una juventud pasiva, que tampoco hace deportes. Estamos en la tierra fértil del descontento, apatía y desinterés por los problemas nacionales y por el enriquecimiento ético de nuestra juventud.
La lectura es un hábito que se ha perdido. La juventud lee lo mínimo obligatorio para cumplir. La juventud actual no distingue entre lo pasajero y lo permanente, lo esencial lo accidental, lo humano y lo inhumano, entre el bien y el mal. Solo con una formación integral lograremos que esta juventud no caiga en el dogmatismo o el escepticismo, entre el relativismo y el fanatismo. Con base de esa formación humanista lograremos los nuevos ciudadanos comprometidos con el bien común y con responsabilidad por los valores éticos y políticos.
Familia, educadores y políticos Es importante exigir responsabilidad a nuestra juventud. Solo dentro la familia y con el apoyo de los educadores y líderes políticos lo lograremos. Con el buen ejemplo conseguiremos desarrollar las auténticas virtudes ciudadanas. La sobriedad, la templanza, el respeto a los mayores, la solidaridad, el sacrificio, la lectura y otros valores se inculcan en la familia, los colegios y universidades.
Una de las mayores desgracias de nuestra juventud es no sentir ni padecer restricciones y obligaciones. No sentir deberes con los más necesitados y los más pobres. No tener percepción de lo que es justo o injusto. Carencia de valores como la austeridad, el servicio, la denuncia a la injusticia y la corrupción. Necesitamos una juventud comprometida con la verdad y la libertad. Libertad que significa vínculos de calidad con los que más necesitan.
En resumen. Nuestra juventud tiene un gran reto por delante. Es nuestra responsabilidad como padres, educadores y políticos el inculcar los nuevos valores éticos. Ética comprometida con los valores auténticos del ser costarricense. Tenemos que crear buenos ciudadanos. En la era del conocimiento, los mensajes a nuestra juventud deben ser claros y comprometidos con el bien común.
Tenemos para desarrollar "nuevos ciudadanos" que ejerzan con energía y decisión su libertad social, su responsabilidad cívica y su creatividad cultural.
Fomentemos una nueva juventud activa y responsable. Tenemos que lograr como sociedad el desarrollar jóvenes con gran calidad humana y una auténtica formación cívica. Formación que exige de los políticos, educadores y la familia, ejemplo de principios éticos. Solo conviviendo con buenos ciudadanos aprenderá nuestra juventud. Ese es el mayor reto de Costa Rica.