Opinión

Irán rompe el hielo

Cumbre Islámica perfiló nuevas alianzas

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Desde que tomó el poder en Irán, en 1979, el fundamentalismo musulmán se convirtió en una fuerza desestabilizadora de Levante. Las proclamas incendiarias del ayatollah Jomeini, líder supremo de la Revolución Islámica, prometían acabar con el orden imperante en la zona. Y, de las palabras, la teocracia persa pasó a los hechos mediante la incitación y respaldo al terrorismo. El temor a Jomeini se ahondó durante la siguiente década y atrajo el apoyo mayoritario a Irak en la guerra desatada por Sadam Husein para apoderarse de territorios iraníes. La Guerra del Golfo, provocada también por Irak en 1990, consolidó una alianza de las monarquías con los regímenes laicos del área, centrada en el liderazgo estratégico de Estados Unidos que, a la vez, aisló más a Irán.








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