El veto que aplicara recientemente el presidente George W. Bush a la posibilidad de financiar investigaciones con embriones mediante fondos federales, lejos de constituir un freno a la investigación, es una oportuna orientación al quehacer de la investigación científica.
La mayoría de quienes critican el veto argumentan que se trata de un retraso a la investigación causado por la interferencia dogmática en las políticas públicas. Pues bien, irónicamente estas personas salen al paso del "retraso" y "dogmatismo" con su propio retraso e ignorancia; para definir el inicio de la vida, se basan más en ideas medievales de la definición de "persona" y desconocen pruebas científicas que apoyan el carácter humano del embrión desde el momento de la fusión de gametos (sí, aunque no se parezca a nosotros y sea más pequeño que el punto de una "i"). Al unirse el material genético de padre y madre, se forma un nuevo ser genéticamente único y en constante devenir; se trata de un proceso humano completo, muy distinto a un grupo de células de la piel o de la sangre.
Está claro que Bush tomó la decisión basado en sus principios religiosos, pero esto no implica que el carácter humano del embrión sea una verdad relativa según el credo que se confiese.
Logros reales. Junto a estas consideraciones sobre el inicio de la vida, se pueden añadir argumentos de índole biológica para apoyar la postura del presidente de EE. UU. Basta saber que las investigaciones con células madre embrionarias, obtenidas mediante la destrucción de embriones, han derivado en un sinnúmero de problemas como la formación de tumores y problemas de control de la expresión génica y no han desembocado en una sola aplicación terapéutica. Esto contrasta notablemente con el uso de células madre adultas, obtenidas sin destruir ningún ser humano y exentas de problemas éticos, que están tratando con gran efectividad más de 70 enfermedades, entre ellas diversos males cardiovasculares, neurodegenerativos y la diabetes.
Así las cosas, queda claro que el veto de Bush no retrasa la investigación, sino más bien ayuda a encaminarla por sendas que respetan la vida humana y que son más promisorias desde el punto de vista biológico y terapéutico. Ojalá otras decisiones del presidente norteamericano fueran así de acertadas.