Históricamente, el ser humano ha usado cinco mecanismos para disponer de las excretas (heces y orina). El más antiguo es a cielo abierto en la madre naturaleza.
Cuando el hombre era nómada, realizaba sus necesidades fisiológicas cerca de árboles y ríos; al establecerse en un solo sitio, tuvo necesidad de hacerlo “tan lejos como lo pidiera su nariz y tan cerca como se lo exigiera su sistema digestivo”.
Surgieron entonces los otros cuatro mecanismos: fosas sépticas y letrinas, tanques sépticos, cloacas (alcantarillado sin tratamiento) y alcantarillado sanitario (con tratamiento). Los tres últimos tienen como común denominador el inodoro –aparato para defecar que impide el paso de malos olores–, que se originó en Creta hace más de 4.000 años.
Promiscuidad y retroceso. La evolución de los mecanismos de disposición de excretas se remonta a las culturas egipcia, griega y romana, cuyo símbolo histórico es la “Cloaca Máxima de Roma”. Esos baños públicos se clausuraron porque fomentaban la promiscuidad sexual, lo cual provocó un retroceso en el saneamiento de las comunidades. Así, del siglo V al XV, las calles estaban llenas de excremento, por lo que las poblaciones sufrían grandes epidemias.
En 1589, el inglés John Hannington desarrolló el retrete o inodoro de válvula, que se instaló en el palacio de la reina Isabel I. En 1668, el Comisionado de París ordenó su instalación en todas las casas, práctica que se extendió después a Inglaterra y el resto de Europa en 1890. Paralelamente aumentó la mejora sanitaria, al establecer sistemas de abastecimiento de agua y los primeros alcantarillados con tratamiento. Estos servicios permitieron disminuir la mortalidad infantil y aumentar la esperanza de vida en todo el siglo XX.
Cobertura y salud. El impacto sobre la calidad de vida fue tan positivo que, en una encuesta de la BBC de Londres a 11.000 científicos, se calificó al saneamiento como “el hito” en salud pública de los últimos 164 años. Mundialmente se han realizado más de 250 estudios que demuestran el impacto de las coberturas de agua potable, saneamiento y educación sobre los indicadores básicos de salud (IBS).
En Costa Rica, dos estudios del Laboratorio Nacional de Aguas que demostraron una correlación inversa fuerte (con una significación estadística de 95% de confianza) entre la alfabetización, el saneamiento y el agua potable con los IBS fueron premiados por la OPS en el 2004 y el 2006.
Ante estos hechos, es evidente y recomendable que los países aumenten la cobertura de estos servicios básicos para disminuir la pobreza y mejorar la calidad de vida de todos los seres humanos, pilar fundamental del desarrollo socioeconómico de cualquier pueblo.