¿Qué ocurriría si en Costa Rica, para las próximas elecciones todos, o casi todos los costarricenses votaran en blanco? Podría ser un acto de lucidez como protesta contra una democracia que ya no da la talla ni siquiera en el campo electoral, carcomida por dentro por la corrupción y por las donaciones extranjeras en miles de miles de dólares. Los que hayan leído a Saramago ya se estarán diciendo que en Costa Rica esto no es posible porque el Tribunal Electoral ha decidido que voto en blanco no es computable, que es inocuo y no debe significar nada. Podría serlo, podría la lucidez de Saramago tan solo ser un recurso literario para penetrar mejor en la esencia de lo que debe ser la democracia. Sin embargo, no estoy de acuerdo con lo dispuesto por el Tribunal Electoral, porque lo que ha hecho es convertir algo casi inocuo, como es el voto en blanco, en algo inicuo al no permitirlo.
Nunca me ha gustado votar en blanco; siempre me ha parecido sin gracia. En las elecciones de la Universidad de Costa Rica o en las de nivel nacional -únicas votaciones en las que he participado- siempre me he definido por uno de los candidatos, tanto así que en la última oportunidad voté para presidente de la República, sin ser del PUSC, por el doctor Abel Pacheco por varias razones. Lo considero buena persona, fue médico de un familiar cercano. Además, porque no me gustó la forma tan grosera en que Calderón Fournier lo descalificó como candidato. Luego he visto que algo de razón tenía Junior cuando afirmó con contundencia y hasta cierto menosprecio: "Abel no sirve y además se lo barren". No se lo barrieron, pero, sin duda, no es la persona más apta para actuar en política y menos para ocupar el más alto cargo de la nación.
Mayor participación. Regresando al voto en blanco, nunca lo he utilizado porque siempre he encontrado "uno menos pior " por el cual votar. Pero para las elecciones del 2006 podría resultar que no sea tan inocuo pues, analizando las cosas con cuidado, el voto en blanco podría convertirse en un instrumento que fortalezca esta democracia electoral, tan maltrecha y lesionada por los hechos que todos recordamos, ocurridos al interior del PLUSC. Si se les permitiera votar en blanco a muchos costarricenses que no encuentran por quién votar y se computara esta forma de participar, sin duda subirá el número de participantes en las elecciones y también la dificultad de obtener el 40% de los votos emitidos, tomando en cuenta que hay 14 partidos políticos. Varias encuestas políticas así lo reflejan y podría suceder lo mismo que ocurrió en la primera vuelta en las elecciones del 2002. Tendríamos que ir a una segunda vuelta y, si ocurriera que uno de los candidatos obtuviera el mayor número de votos, el resto de los 14 partidos probablemente se unirían en torno a quien quedara en segundo lugar y así darle el triunfo.
A pesar de las declaraciones que ha dado el Presidente del Tribunal Electoral, afirmando que los magistrados no tienen autoridad para restablecer el voto en blanco que ha estado presente por años en las elecciones costarricenses, considero prudente que los miembros del Poder Electoral reflexionen acerca de la razón de ser de su existencia en nuestro ordenamiento electoral: el voto en blanco ha estado ahí para ampliar la democracia, dando mayores posibilidades al votante para expresar su voluntad y mejorar el uso correcto de los procedimientos que utilizamos para elegir a nuestros gobernantes. Sería muy importante que se efectuara una encuesta bien diseñada para saber cuántos costarricenses quieren votar en blanco y, si comprobamos que existe un gran número en su favor, sería injusto que su voto sea sumado a los votos nulos. El Presidente del Tribunal Electoral, en semanas anteriores, ha dado declaraciones instando a los ciudadanos a la mayor participación electoral para reducir el abstencionismo que de nuevo amenaza con ser muy alto. Me parece que una manera muy efectiva sería la de abrir las puertas al voto en blanco que en las actuales circunstancias no debe ser ni inicuo ni inocuo.