El desprestigio del cual gozan los políticos y las instituciones a sus cargos hace que dirijamos toda nuestra atención hacia los actos de corrupción, desaciertos e improvisaciones que suceden cotidianamente. Sin embargo, en medio de esa maraña salta a la vista la aprobación por unanimidad en la Asamblea Legislativa de la Ley Nº 7600 sobre la Igualdad de Oportunidades para las Personas con Discapacidad. Con dicha ley se pretende eliminar las discriminaciones que sufren más de 300.000 costarricenses, un 10 por ciento de la población, que presentan algún grado de limitación de sus capacidades físicas, intelectuales o sensoriales. Los derechos de las personas discapacitadas se han visto lesionados en todos los campos: la salud, la educación, el trabajo, el transporte, la comunicación. Las cifras no pueden ser más reveladoras, del total de personas incluidas en el Registro Nacional de Minusválidos menos del 6 por ciento concluyeron sus estudios primarios y menos del 9 por ciento son asalariados.
Al analizar la Ley nos percatamos que en ningún momento se incurre en discriminación positiva, más bien lo que se logra es apenas equiparar los derechos de las personas discapacitadas con los derechos que la mayoría de la sociedad lleva decenas de años disfrutando, y que para efectos prácticos ya se dan por un hecho. Veamos algunos de los logros más relevantes que incluye la ley de marras.
El Estado garantizará el acceso oportuno a la educación, la cual deberá ser de igual calidad, impartirse durante los mismos horarios y preferentemente en el centro educativo más cercano al lugar de residencia. Esta disposición incluye tanto la educación pública como la privada y va desde la estimulación temprana hasta la educación superior.
Los servicios de salud deberán ofrecerse a toda persona discapacitada que los requiera, así como servicios de rehabilitación a domicilio y ambulatorios incluyendo todas las regiones del país. No podrá negarse la adquisición de un seguro de vida o una póliza de atención médica, basándose exclusivamente en la presencia de una discapacidad.
El Estado capacitará y garantizará a las personas con discapacidad el derecho de un empleo adecuado.
Toda edificación que brinde servicio al público debe contar con las estructuras adecuadas para el acceso de personas con movilidad restringida incluyendo entre otras cosas rampas, baños adecuados, ascensores, señalizaciones visuales, táctiles y auditivas.
Los medios de transporte colectivo deberán ser totalmente accesibles y adecuados a las necesidades de todas las personas, y las concesiones de taxis incluirán un 10 por ciento de los vehículos adaptados para personas con discapacidad.
El plazo perentorio para lograr el cumplimiento efectivo de esta ley será de 10 años, tiempo suficiente para que las instituciones públicas y privadas planifiquen, presupuesten y programen todas las acciones requeridas.
Como bien lo señala el escritor italiano Umberto Eco, "De un sistema de reglamentos y prohibiciones puede deducirse lo que la gente hace normalmente, y puede obtenerse una imagen de la vida cotidiana". La cruda realidad es que vivimos en una sociedad que discrimina y que se basa en el principio del trato diferente a todo lo que es diferente. Muchos creerán que la Ley va en beneficio directo de las personas con retos múltiples, sin embargo la sociedad como un todo va a ser la más beneficiada ya que redundará en individuos más sensibles, solidarios y humanos.
Mi experiencia personal como padre de un niño con Síndrome de Down me ha hecho realizar el ilimitado potencial que tienen cuando se les brindan oportunidades, se les da una adecuada estimulación y, sobre todo, se les trata con amor. Me ha ampliado los matices de lo que estamos acostumbrados a reconocer como belleza física e intelectual. Me ha enseñado que los seres humanos estamos plagados de actos inhumanos y que el transitar por la Tierra debe ser una experiencia que nos humanice. La interacción con estos niños cumple este propósito ya que el mensaje que emanan es el del verdadero amor humano. Ellos no conocen lo que es la envidia, la violencia, la mentira. Ellos no conocen los actos inhumanos. Ellos nos acercan más a Dios.