El Registro Civil, institución responsable de la información ciudadana (nombre, apellido, edad, estado civil, residencia y demás calidades), sirve de sustento al derecho de familia y constituye la base de nuestro sistema democrático: el Padrón Nacional –piedra angular del sistema electoral– se extrae de los datos almacenados en este registro. Cualquier duda o incongruencia en la integridad de la información que acumula podría producir serios perjuicios para los individuos afectados e, inclusive, el adecuado ejercicio del voto. Es preciso, por ello, actuar con singular esmero.
Recientes publicaciones, basadas en datos de técnicos en informática y de la Contraloría General de la República, han advertido sobre la “vulnerable” condición de las bases de datos que conforman el Registro Civil. Aunque hasta ahora, dichosamente, no se ha suscitado ningún caso grave en ese sentido y nuestro proceso electoral siempre ha transcurrido con normalidad, esas advertencias deben recibir pronta atención de las autoridades, sobre todo de la institución responsable de velar por esos datos: el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE). Hasta ahora, sin embargo, las respuestas del presidente del TSE, magistrado Óscar Fonseca, a las dudas sobre la integridad de las bases de datos y el proceso de cedulación, no han aclarado suficientemente el panorama. Un reciente campo pagado publicado por el TSE, enfatizando la seguridad del nuevo formato de cédula de identidad, tampoco es suficientemente explícito. No dudamos de que nuestras cédulas de identidad estén entre los documentos más confiables y difíciles de falsificar, y también sabemos que, en última instancia, ni siquiera los billetes de más alta denominación en los países más desarrollados escapan de los intentos de alteración. Lo importante, sin embargo, no es solo que el TSE realice todos los esfuerzos por aumentar los márgenes de seguridad de las bases de datos y nuestro documento de identidad, sino que también informe adecuadamente al respecto.
La vulnerabilidad de los datos del Registro Civil a posibles incoherencias tiene como una de sus fuentes la existencia de múltiples bases de datos: una centralizada y varias distribuidas en las estaciones de trabajo locales de atención al público. La falta de conectividad inmediata entre el computador central del Registro Civil y las estaciones de trabajo obliga a estas últimas a operar accediendo a datos –duplicados– en unidades de almacenamiento local. En todos estos procesos se aplican varios cuidados, pero la duplicación de datos aumenta el de diferencias entre la información de la base de datos central y la almacenada localmente en las estaciones. Según funcionarios del TSE, la actualización de las diferentes bases de datos se efectúa una vez al mes. Para una aplicación como el Registro Civil, que sufre cambios con implicaciones legales todos los días, esta frecuencia es inconveniente.
Además del aspecto anterior, es urgente aplicar todos los recursos adicionales posibles para evitar falsificaciones o alteraciones en las cédulas de identidad. La ausencia de una numeración continua en los ejemplares plásticos más antiguos, por ejemplo, los hace más vulnerables, y los viejos son mucho más sencillos de modificar. El TSE debe prestar escrupulosa atención a los informes de la Contraloría, de los técnicos y del OIJ sobre todos estos aspectos. Y, sobre todo, debe corregir todas las fallas que puedan existir, tomar medidas preventivas para evitar otras e informar al país al respecto. La confianza en la institución es tan importante como su propio trabajo.