Opinión

Horizontes perdidos

Emuló todo lo que es la espiritualidad japonesa: el profundo respeto por la paz y la armonía

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Con la frase: "Es en el arte donde la belleza encuentra su verdadera expresión", el pensador japonés Mokichi Okada, resumió su filosofía del arte y emuló todo aquello que representa lo mejor de la espiritualidad japonesa: un profundo respeto por la paz y la armonía. El pensamiento de Okada inspiró a la distinguida dama Mihoko Koyama, poseedora de una enorme colección de arte, a construir un museo para albergar sus tesoros, voluntad que supo heredar a su hija Hiroko Koyama. Pero lo notable de esta historia es la conjunción de factores insólitos que condujeron a la creación de esa obra extraordinaria en el mundo: el Museo Miho, cerca de Kioto. La señora Koyama logró contratar para la ejecución de los planos al célebre arquitecto chino Ioeth Ming Pei autor, entre otras realizaciones, del diseño de la Galería Nacional del Este en Washington (monumental edificación sin un solo ángulo recto) y de la controversial pirámide de cristal del Museo del Louvre en París.








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