En Homo Videns: la sociedad telegirida , Giovanni Sartori categóricamente dice que la imagen nos da acceso a lo concreto, a lo perceptivo y que lo hace en pocas palabras y de manera pobre, alejándonos del acostumbrado y rico lenguaje abstracto y conceptual que nos ha acercado a lo largo de los milenios a la vida social, política y económica. Cuando leíamos a Sartori a fines de milenio, nos percatamos de la magnitud del real y potencial impacto que la imagen televisiva y en general electrónica causa en la vida contemporánea y apreciamos de verdad lo que se llama sociedad de la información.
Reflexioné entonces sobre lo que significa vivir en un mundo inundado por el conocimiento, a través del cual millones de personas una alta proporción de ellos jóvenes navegan de link en link , sin apreciar la esencia de lo bello y profundo y sin darse cuenta hacia dónde los llevan, por cuanto van "conducidos" hacia la imaginaria virtual a través de una selva de embrujo subliminal producido por videoclips y digital videodiscs que, por medio de un sistema very light , atractivo y muy acelerado, transforma la vida propia, como dijera Édgar Montiel de la Unesco, en una especie de videoclip.
A primera vista. Claro, quien navega (qué palabra más bien escogida para definir esta acción), por lo general no profundiza, tiende a aceptar como válido todo lo que ve, y sus personajes preferidos no lo serán quienes transmiten un mensaje de contenido intelectual, sino la nueva especie de fetiches que hacen su aparición siempre en forma de espectáculo; para ello los animadores merecerán atención, como también la tienen los noticieros televisados de sucesos, parciales y fragmentarios, que no transmiten la realidad, sino la cosa a medias. El espectáculo y sus protagonistas son la esencia de la vida para muchos en este proceso que se ha llamado de homogenización globalizada.
Es tanta la presión de la pantalla sobre el gran público, sobre la masa, que los periódicos, hasta hace poco preocupados por lo intelectual, abren generosas páginas a las figuras femeninas y masculinas que llevan ligerísima ropa. Esa imagen, copia de la que salta por doquier en la comunicación electrónica, es un pálido esfuerzo de copia e imitación.
Efectivamente la imagen conquista al mundo. Lo hace dócil y maleable, superficial y sujeto a la moda y, a la vez, globalizado. La calidad como que cuenta menos que antes; la repetición necia y superficial domina el mercado, las costumbres, la políticaÖ Quien tiene posibilidad de repetir y repetir un mito lo transforma en dogma.
Paja y grano. Cada día se hace más evidente que la abundancia de material hace más difícil separar entre tanta información lo útil de la basura.
En un escaparate de videos y discos en Bali, Indonesia, vi que abundaban los que hasta allá llevaban a Jennifer y a Ricki, cuya música, voz y canto (entendido por la clientela cuando era en español) mostraba la misma diversidad que encontramos en Costa Rica. Los artistas de moda llegan a toda la geografía planetaria, el intercambio es activo y múltiple tanto en música popular como en futbol, pero son pocos aficionados a esa música y al deporte de nuestro agrado quienes podrían señalar en un mapamundi al país de origen de los músicos o aquel de donde viene el equipo cuya victoria celebran o lamentan.
Al fin del 2001, primer año del milenio, han sucedido tantas cosas que resulta urgente, ante ellas, detenerse bastante más tiempo que el que reclama lograr un link en Internet. Tiempo para pensar, comunicarse, para analizar el presente y reflexionar sobre el futuro que se crea previsible. Cada quien, cada pueblo, reclama la búsqueda de su norte, no copiado ni imitado; camino logrado a base de análisis de las circunstancias y medida de las posibilidades, de un análisis que no se limite a imitar la globalización fenicia que sufre a la humanidad. Hoy, quizás más que nunca en el pasado, es necesario que cada quien haga un ejercicio intelectual digno del ser racional que es y que cada sociedad encuentre la orientación adecuada a sus circunstancias, en la que la persona no se limite a ser homo videns .
La educación que hoy requiere la gente no es la imitación. La imagen, contribución de valor innegable a la cultura, de repente nos sacudió con su presencia absorbente y lleva al mundo a comprender que es urgente usar también el lenguaje conceptual que nos permite entender la realidad, no solo de manera light , sino profunda y serena, ante la que cada persona y cada pueblo sepan ubicarse donde la realidad les coloque. Educación que haga que el ser humano merezca, con toda la verdad de su significado, el ser distinguido como homo sapiens.