En los primeros años de la iglesia cristiana llegaron a ella conversos de muchos trasfondos, quienes, muertos los testigos de Jesús, trataron de interpretar a su manera el mensaje que Él nos legó. Algunos llevaron su interpretación a extremos y comenzaron a tomar cuerpo posiciones heréticas, que algunos escritos del Nuevo Testamento (por ej.: Gálatas, Colosenses, primera carta de Pedro) trataron de enderezar. En la segunda mitad del siglo II d.C. el oriente medio vivió una importantísima tormenta de ideas, y las herejías tomaron tal altura que la Iglesia tuvo que reaccionar con rapidez y eficacia.
El primer problema doctrinario a enfrentar por el naciente cristianismo fue si para pertenecer a él había que ser judío. En Hechos de los Apóstoles (que quizá debió llamarse "Hechos de dos Apóstoles", porque en lo fundamental refleja una interesante lucha teológica entre Pedro y Pablo) se recoge la solución que oficialmente se dio a esta controversia, a favor de la tesis de Pablo. Sin embargo, los llamados cristianos judaizantes nunca aceptaron esa respuesta.
Un mundo sin sentido. Los gnósticos, una especie de antigua New Age, fuertemente influenciados por el dualismo persa, la astrología babilónica y cuanta doctrina circulara por el mundo, tomaron del cristianismo lo que más les interesó y lo acompañaron de especulaciones esotéricas. Para los gnósticos la creación del mundo material no es obra del Dios transcendente, sino de un ser inferior, malo e ignorante, el Demiurgo, que creó un mundo defectuoso y una humanidad que, en general, también es ignorante. El gnosticismo no ve sentido alguno en la historia de este mundo. Para el judaísmo y el cristianismo, por el contrario, la creación del mundo material es obra de Dios, quien vio que lo hecho estaba bien.
Para los gnósticos lo que importa es la salvación, interpretada como la liberación del espíritu (que no pertenece a la realidad de este mundo) que se halla sujeto al cuerpo (que sí pertenece). La liberación del espíritu se logra mediante el conocimiento de la verdadera naturaleza de las cosas, o gnosis, el cual no solo es información, sino iluminación, que el Dios transcendente envía por medio de un mensajero. En el gnosticismo cristiano ese mensajero es Cristo.
Los gnósticos piensan que todo el bien que existe en el ser humano está en su espíritu y que el cuerpo es malo por naturaleza. Y al así hacerlo aceptan dos conclusiones diametralmente opuestas: o bien que es necesario castigar al cuerpo (como predicaban algunos de sus seguidores) o que lo que se haga con el cuerpo es indiferente pues nada modifica la pureza del espíritu y, por tanto, que el libertinaje es permitido (como hacían otros). Para los gnósticos el cuerpo de Jesucristo no pudo haber sido físico, sino una apariencia. Según Cerinto, cuando Cristo terminó su misión de mensajero a la humanidad, abandonó el cuerpo de Jesús y fue este quien sufrió y fue crucificado. Para el cristiano la salvación no es la mera liberación del espíritu, sino que ella incluye el cuerpo que en ningún sentido debe verse como algo malo. Si el cuerpo fuera malo, entonces Cristo nunca pudo haber venido al mundo en carne.
Atentados contra la esencia.Para Marción, el dualismo de este mundo tiene otro carácter. En el mundo lo que él vio fue el imperio de la ley, la justicia (y hasta la venganza). Pero, como en el evangelio cristiano lo que prima es la gracia y el amor de un Dios que perdona aun a los más grandes pecadores, entonces la conclusión es que el mensaje cristiano es de "otro" Dios; uno que no gobierna este mundo. Marción consideraba inaceptable el nacimiento de Cristo pues eso lo habría puesto en la esfera del Dios Creador (Jehová) y ello negaría el carácter radical del Evangelio. Para él, Cristo apareció en este mundo como un hombre totalmente formado. Para Marción el cristianismo no debe hacer referencia al Antiguo Testamento; ni siquiera a todos los libros del Nuevo, pues algunos, a su juicio, son judaizantes.
Por otro lado, los "montanistas" (seguidores de Montano) favorecían el martirio, se oponían al fácil perdón de los pecados y no tenían aprecio por el matrimonio. Para ellos Montano era un revelado del mensaje del Espíritu Santo y en ello era más riguroso que el propio Jesucristo. Para los "monarquianos" (entre los que destaca Teodoto) Jesucristo procede de Dios, pero no es Dios.
Lo anterior es una muestra de las principales herejías surgidas en el siglo II d.C., que, como se ve, no solo atentaban contra alguna doctrina periférica del cristianismo, sino contra su esencia. Por ello la reacción de la Iglesia no se hizo esperar. Esta tomó tres caminos.
Canon oficial. La primera reacción fue acentuar la importancia de la sucesión apostólica como única vía para establecer la legitimidad en materia de doctrina y la primacía de las iglesias que tuvieran tal sucesión. Lo segundo fue la conformación de un canon del Nuevo Testamento, que señalara los libros, que por haber sido escritos por compañeros o discípulos de Jesús, tienen carácter oficial. En esto la Iglesia tomó a préstamo una idea de Marción, que fue el primero en concebir la gran importancia de un canon. Y el tercer camino fue el establecimiento de reglas sencillas de fe, entre las que destaca el credo. Esto demostró ser importantísimo, pues los dos primeros medios no parecían tener suficiente diente como para vencer a las herejías.
El credo, como resumen sistemático de la fe, dice mucho. Quien proclama "Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso [ Pantokrator = que todo lo gobierna], creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisibleÖ" está respondiendo a Marción y los gnósticos, al decirles que el Dios que gobierna este mundo físico es también el del mundo espiritual. "Y en Jesucristo su único hijoÖ de la misma naturaleza del PadreÖque fue crucificado, muerto y sepultado" es respuesta a los monarquianos, que no aceptaban la identidad entre Padre e Hijo y quienes, como Cerinto, consideraban que Jesucristo no murió. La mención de María, la Virgen, es para señalar que Jesús había nacido de una mujer, una mujer particular. La referencia a Poncio Pilato es para dar sentido histórico a la figura y no solo uno ideal o espiritual. Y, para cerrar, la mención del juicio final es para contestar a Marción y decirle que no procede su distinción absoluta entre el Dios del Antiguo Testamento y el Dios del Nuevo.
Quizás esta sistematización de la fe pudo haberse dado sin el reto de las herejías. Quizás no. Lo cierto es que ellas ayudaron a precipitar su desarrollo.