Harun era mi amigo de Pakistán Oriental, compañero de estudios en el Seminario de Posgrado que dirigía nuestro profesor Dr. R. Allchin, en el Instituto de Estudios Orientales de la Universidad de Cambrigde, Inglaterra. Pues bien, Harun no era el personaje de Las mil y una noches , sino un excelente investigador, muy buen amigo, con rostro siempre sonriente y cordial. Procedía del Pakistán Oriental, como se llamó desde 1947, año de la Independencia del subcontinente indio que fue dividido por los ingleses en tres partes: La India en el centro, un Pakistán Occidental y un Pakistán Oriental, con más de 2.000 kilómetros entre ambos. Esa división arbitraria era en función de la religión mayoritaria en cada parte: mayoría hindú en la India y mayoría musulmana en Pakistán.
Harun y yo fuimos compañeros de estudio en 1966. Había también otros arqueólogos profesionales que hacían sus estudios de doctorado en Cambridge, de los cuales tres venían de la India y, además de Harun, otro de Pakistán. Creo que Harun y yo éramos los mayores mientras que Cyrus, procedente de Bombay –un parsi (de origen persa y religión zoroastriana–, era el menor porque no hacía el doctorado, sino la maestría. De alguna manera, conformamos una pequeña familia, llegados de tan lejos, pero guiados por nuestro deseo de conocimiento y unidos por el respeto y cariño a nuestro profesor.
Música hindú. Un día de los arqueólogos indios, compañero en el Seminario de Posgrado del Dr. Allchin, nos invitó a reunirnos en el Churchill College para comer. Como nos unía una buena amistad, estuvimos conversando animadamente y después ese compañero nos pidió que fuéramos a su habitación, para oír música de la India. Varios de ellos habían llevado sus discos, algunos con canciones de Tagore que yo no conocía.
Había oído que Rabindranath, además de poeta, había compuesto más de dos mil canciones y, por supuesto, que su música es amada tanto en Bengala Oriental (entonces Pakistán Oriental, pero hoy Bangla Desh), como en la Bengala Occidental, que pertenece a la India. La población habla la misma lengua y es parte de una provincia que estuvo unida hasta que los ingleses la separaron, para hacer un país musulmán en el lado oriental. Sin embargo, en el extranjero los bengalíes se miran como hermanos porque los une su lengua y su cultura, aunque la religión sea mayoritariamente hindú en la región que pertenece a la India.
Otro aspecto que los une es su amor a Rabindranath Tagore. El himno de Bangla Desh, lo mismo que el de la India, son canciones de Tagore.
Inesperado suicidio. A la mañana siguiente, cuando llegué al Instituto para el Seminario con el Dr. Allchin, me encontré con Cyrus muy triste, y me dijo: “Hilda, esta mañana encontraron a nuestro compañero muerto: se suicidó durante la noche, después de haber estado tan contentos con él. ¿Se despidió de nosotros oyendo juntos discos con la música de Tagore?”. Estábamos profundamente conmovidos y Cyrus me decía: “¿Cómo es posible que no nos diéramos cuenta de que estaba deprimido? ¿Por qué no lo ayudamos más?”.
Pasaron los meses y la Unesco decidió que me trasladara a Holanda a continuar estudios en el Instituto de Arqueología del Sur de Asia, de la Universidad de Amsterdam. Mantuve la relación de amistad de Harun y de Cyrus y, para mi sorpresa, al año siguiente, en la primavera de 1967, Harun me comunicó que llegaría a visitarme a Amsterdam antes de regresar a Pakistán Oriental. Con gran emoción recibí el regalo que me llevaba: la grabación de los discos de las canciones de Tagore que él mismo había realizado en cinta magnetofónica. Siempre escucho la música de Tagore gracias al esfuerzo no solo de Harun, sino también de una gran amiga costarricense ya desaparecida: Nidya Herrera, que los volvió a grabar, esta vez en casetes para que yo pudiera oírlos, ya que no tenía el equipo necesario.
A mi regreso a Costa Rica, empecé a recibir la revista del Departamento de Arqueología de Pakistán, editada por Harun.
En territorio enemigo. En 1971 estalló el conflicto entre los dos Pakistanes que culminó con la separación de la parte oriental y el establecimiento de la República de Bangla Desh. No volví a recibir la revista de Arqueología que Harun me enviaba: él había quedado en territorio enemigo.
Sentí gran tristeza de que un hombre valioso, que había hecho el esfuerzo de estudiar varios años en Cambridge para obtener su doctorado, hubiera sido devorado por la guerra.
Desde entonces me pregunto: ¿por qué las gentes buenas y valiosas son sacrificadas por odios y enemistades políticas que ellos no crearon? ¿Por qué?
Harun al Rashid de Bangla Desh no era el califa de Las mil y una noches , era un hombre bueno del siglo XX.