A través de una acción diplomática constante, Costa Rica logró evitar que la guerra bananera entre Europa y Estados Unidos pudiera extender sus daños a escenarios como los de Siquirres y otras zonas bananeras. La Unión Europea estableció, entonces, licencias de importación, lo que ha permitido la aparición de una serie de nuevos actores en el mercado, que jamás habían visto un banano y que tampoco tenían ninguna relación con la cultura bananera.
A ninguno de esos actores le interesa, en esta batalla por el mercado, la evolución social de la actividad bananera del país. Tampoco el mercado europeo ha mencionado positivamente los grandes cambios que la actividad bananera ha realizado en Costa Rica en materia ambiental y social. Sólo se menciona lo negativo.
El objetivo de algunas empresas de Estados Unidos y Europa es lograr más mercado para la fruta y no mejores precios y seguridad a largo plazo. Costa Rica cometió cantidad de errores en el pasado con respecto a la actividad bananera, sin embargo ha sabido ir transformando paulatinamente la plantación hasta convertirla en un sistema socialmente innovador, compatible con el ambiente y con la dignidad de la persona. La amplitud de modelos asociativos -inimaginables hace 20 años-, permiten escoger entre cooperativas, sindicatos, asociaciones comunales, asociaciones solidaristas, etc.
Aunque falta mucho por hacer, el trabajador bananero se ha dignificado en un porcentaje notable y recibe la mejor paga del sector agrícola. Gracias a estas opciones, y al hecho de que el solidarismo se ha desarrollado con creatividad sin ser monopolio, el trabajador tiene una vida mejor, aunque no es posible tener un ambiente perfecto en cualquier quehacer humano.
La lucha de clases se transformó en diálogo y la doctrina social se convirtió en práctica vital. En contraste con este panorama, en otras naciones las plantaciones bananeras sólo tienen dos techos: el de la empacadora por una parte y el del dueño de la finca por la otra. En nuestro modelo bananero existe una inversión real en casas, escuelas, programas de vivienda, desagües, controles sanitarios y campañas en contra de la contaminación y los accidentes laborales. En resumen, se invierte en la persona.
Existe en el país una Comisión Ambiental Bananera. Hay empresas nacionales y compañías transnacionales que velan por la calidad del producto y del medio ambiente. Junto a esto, el trabajador bananero es capacitado en derecho laboral y doctrina social. La armonía en las relaciones obrero-patronales se ha convertido en un tema fundamental.
Los trabajadores bananeros del país han mejorado sin que se le cierre la puerta a ninguna opción asociativa. El ambiente de las plantaciones de banano no es perfecto, pero desde los años setentas hasta hoy en día, las transformaciones realizadas en la zona atlántica son notables; ciertamente por el papel protagónico del solidarismo como alternativa para el cambio, sin excluir las otras modalidades.
A pesar de los cambios descritos, Costa Rica enfrenta un constante embate que proviene de los que quieren sacarnos del mercado y del arreglo directo con la Unión Europea.
Desde intentos de boicot, por parte de sindicatos en los puertos de Italia, hasta informes erróneos de las universidades de Suecia, pasando por los ataques de la televisión y las infamias contra los trabajadores por parte de algunos sectores en Francia. Igualmente boletines y publicaciones en Suiza, Austria, Alemania, Gran Bretaña y Holanda en contra de la actividad frutera. Todo forma parte de una constante campaña en contra de nuestro banano y de nuestros trabajadores bananeros. Todas ellas aparecen como verdades a medias y mentiras expresadas en los medios de comunicación.
Algo más que una campaña...: A lo largo de los últimos seis años estamos sufriendo el constante embate contra nuestra producción. A pesar de los grandes cambios que se han insertado en favor del trabajador bananero, el mejor pagado de nuestra agricultura, la actividad es atacada de manera sistemática por los que no creen en la dignidad del trabajador bananero fuera de nuestras fronteras.
Esta campaña de desprestigio incluye desde artículos en revistas dirigidos a amas de casa para que no compren banano de Costa Rica en la Gran Bretaña, hasta boletines de la red desinformativa denominada "Eurobana" en Austria, Suiza, Alemania, Países Bajos y Gran Bretaña con ataques contra nuestra producción.
Estas acciones han continuado en las últimas semanas, algunas veces imperceptiblemente, pero en otras oportunidades ciertamente notorias. Nadie menciona en esas campañas que Costa Rica cuenta con una de las plantas más grandes de reciclaje de plástico utilizado en el bananal y que nuestro país tiene una producción intensiva que sólo ocupa un uno por ciento del territorio nacional. Tampoco mencionan que esta fruta es el primer producto de exportación agrícola del que dependen miles de personas.
Algunos de nuestros enemigos están en la oscuridad, ocultos en esas estructuras europeas que quieren trasladar la actividad de América Central al centro del Africa para acabar con un siglo de banano, que ha demostrado una evolución de respeto por el ambiente.
Asimismo, tratan de producir enemistades inexistentes con los integrantes del Caricom, el cual produce el tres por ciento del banano que entra al mercado internacional. Costa Rica no ha resuelto todos los retos sociales de la actividad bananera, sin embargo, tiene ideas claras sobre lo que debe ser su política hacia el trabajador bananero y en lo ambiental.