Con alguna frecuencia leemos en los diarios agradecimientos de pacientes hacia sus médicos, pero casi nunca lo contrario. Hoy quiero agradecer a mis pacientes lo mucho que día con día me enseñan. Me han ayudado a crecer como persona, a ver la vida y los buenos momentos como un regalo y un don que hay que atesorar e invertir de la mejor manera.
De mis pequeños pacientes he recibido una lección de tenacidad y entereza ante la adversidad. Aun en los peores momentos de sus enfermedades, siempre he visto el reflejo de la alegría en sus caritas y la esperanza de que las cosas van a salir bien. No puedo evitar el maravillarme ante sus juegos, su ternura y su positividad ante la vida. Saben que tienen todo un mundo por delante y aun así no pierden la oportunidad de pasarla bien, de divertirse, de asombrarse ante pequeñas cosas. Ello hace que piense lo bueno que sería que los adultos no perdiéramos esa parte tan hermosa de ser niños.
Quiero agradecer a mis pacientes, a los que atiendo en el Servicio de Infectología del Hospital de Niños, por permitirme compartir con ellos su vida, su enfermedad y su valor. Me han ayudado a reafirmar todos los días mi compromiso hacia ellos, hacia su salud y su bienestar y le dan un profundo sentido al trabajo que realizo.
(*) Pediatra infectóloga