Opinión

Globalización de la solidaridad

Palabras llenas de sentido se usan para descalificar y atacar

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Hay palabras que, dado el uso que les damos, toman vida propia. Muchos de estos términos, a pesar de su naturaleza técnica, se cargan de contenido y emotividad, a partir de la forma en que se han manejado y, sobre todo, del efecto que pensamos tienen en nosotros. Quizás el caso más claro es el de la palabra “neoliberalismo”. Desde que se introdujo este concepto en nuestro suelo, se le desnudó de toda neutralidad teórica y, casi sin comprender de qué se trataba, se le convirtió en el adjetivo predilecto para descalificar a los políticos “de oposición” (no importa el partido). Así, más que aludir a una posición ideológica, ser llamado “neoliberal” se ha convertido en un insulto en Costa Rica.








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