En días pasados, se publicó en la La Nación el artículo titulado "Mercantilismo y miseria", del Dr. Rigoberto Stewart, que hace alusión directa al sector lácteo costarricense. Como es tradicional en sus posiciones y artículos, el Dr. Stewart cae en su tesitura ultraliberal y utópica, cargando de criterios subjetivos un tema que evidentemente desconoce.
Y don Rigoberto se refiere a las negociaciones para la revisión y ampliación del TLC con México, y al arancel establecido por El Salvador a los productos lácteos, argumentando a partir de estas referencias, por un lado, que el gobierno favorece a los productores, y, por otro, que los aranceles acordados con los productores "son inmorales" por su magnitud.
En el primer caso es importante señalar que el país como un todo se anota un gran triunfo comercial al obtener una cuota para leche UHT, poco relevante por su cuantía (equivalente a menos del 1,5 por ciento de la producción nacional), pero altamente significativa por permitir el acceso a uno de los mercados más protegidos del mundo (que paradójicamente es el mayor importador mundial de leche en polvo).
En el segundo caso, menciona don Rigoberto que "en El Salvador la leche paga un arancel del 20 por ciento y están por reducirlo por exagerardo", mientras que en Costa Rica el arancel es de un 104 por ciento, lo que según el autor pone en ventaja al salvadoreño contra el tico.
Leche barata. Lamentablemente por ese fundamentalismo peligroso y extremo cae en su propia utopía al establecer hipotécticamente una casualidad entre una cosa y la otra (arancel-precio), cometiendo nuevamente un grave error, que podría tener enormes repercusiones para consumidor: al precio de la leche en Costa Rica es de $0,40 por litro, en El Salvador, a pesar de tener un "arancel bajo" y una política muy liberal hacia las importaciones, un consumidor salvadoreño tiene que pagar por el mismo litro de leche $0,82, es decir más del doble que el que tiene que pagar un tico.
En este mismo sentido, en México, a pesar de poder aprovechar los "mejores precios de dumping" del mercado mundial de la leche, el precio que pagan sus comsumidores oscila entre los 78 y 98 centavos de dólar por litro. Nuevamente, este precio es, por mucho, más elevado que el precio de la leche en Costa Rica.
Supone erróneamente, don Rigoberto, en su populista argumentación, que los consumidores costarricenses tienen que pagar el doble por la leche al tener ésta un arancel del 100 por ciento, asumiendo que si este arancel se eliminara el precio disminuiría inmediatamente, según su utópico ideario económico, presunción absurda por la aplastante evidencia que demuestra todo lo contrario.
Contraste con la realidad. En el cuadro adjunto hemos recopilado de fuentes oficiales, y de organismos internacionales los precios que tienen que pagar los consumidores de la región centroamericana por la leche pasteurizada así como los aranceles correspondientes a ésta y a la leche en polvo (principal commodity -mercancía-transada en el ámbito mundial), para que el consumidor costarricense pueda contrastar contundentemente la realidad de los mercados con las teorías de gente que so pretexto de defenderlos y organizarlos pueden, cansarles un grave perjuicio en sus finanzas familiares. Con esta información se podrá evaluar quién es realmente el inmoral.
Parece, entonces, que al carecer la teoría stewartiana de verificación y que, contrario a sus postulados, en Costa Rica el consumidor tiene acceso a una de las leches de mejor calidad y más bajo precio del mundo (a pesar de que no existir "competencia perfecta" en este mercado) y al insistir su creador y defensor en la misma, cae en un fundamentalismo peligroso y extremo que puede llegar a afectar a sus supuestos defendidos: los consumidores, al omitir en su análisis elementos fundamentales para llegar a conclusiones válidas, tal como las particularidades del mercado mundial de la leche y sus derivados.
A pesar de no dudar de las buenas intenciones de don Rigoberto y de sus alumnos, nos preocupa que se formulen teorías descabelladas con el único afán de defender tesis indefendibles que se caen por la abrumadora evidencia en sentido contrario.
(*) Presidente, Cámara Nacional de Productores de Leche