El pasado domingo 30 de enero, algo extraordinario ocurrió en San Juan de Tibás. Una perra callejera que solía dormir en el parque y deambular en los alrededores de la iglesia se había convertido, con el pasar del tiempo, en la mascota de los tibaseños, grandes y chicos. Era "buenísima gente", mansita e inofensiva. A ella le gustaba entrar al templo y "escuchar misa". Se llamaba Camila.
Cuando había algún entierro, acompañaba el séquito de dolientes hasta el cementerio y ahí se quedaba hasta el regreso de los últimos. Los niños la amaban y se "peleaban" para hacerle cariños. Estaba castrada y gorda porque no le faltaba comida que los tibaseños de buen corazón le daban, a ella y a los demás perros callejeros en el parque.
Pues bien, un mal día unas personas observaron al cura del lugar coger el animal y subirlo al cajón de un pickup, y partir con destino desconocido para no verla más. Acosado por las preguntas de mucha gente que sentían la ausencia de Camila, el cura se vio obligado a confesar que la había llevado a un veterinario para que la sacrificara porque "había mordido a una niña". La mentira del cura enfureció a la gente, que lo acusó de mentiroso y asesino. Muchos dicen tener pruebas de que él mismo mató a la dulceCamila. Es que los veterinarios, igual que los médicos para humanos, tratan de salvar vidas, no de quitarlas. Para eso profesan un juramento cuando se diploman.
Inédita reacción. Ese domingo 30 de enero, una multitud de tibaseños se reunió frente a la iglesia y le reclamó al cura, con pancartas frente a las cámaras de televisión, su cobarde y despreciable acto. Nunca antes en este país, que se caracteriza por su crueldad contra los animales, se había visto una reacción semejante en el mejor estilo "fuenteovejunesco".
Debemos todos aplaudir y felicitar a la gente de Tibás. Ellos son ejemplo para muchas otras comunidades que nunca reaccionan para reclamar los abusos, por comisión u omisión, de que son objeto de las autoridades del caso. Recordemos cuando la comunidad tibaseña se organizó y tiró toda la basura sin recoger en la calle frente a la Municipalidad.
¡Que no se repita! En cuanto al cura, lo mejor que deben hacer las autoridades eclesiásticas es desvincularlo de la Iglesia y no enviarlo a otra parroquia, como siempre hacen, porque repetiría el acto cobarde contra un ser indefenso.
La Iglesia Católica, tan venida a menos últimamente por los execrables pecados de algunos de sus representantes "pederastas y violadores", debe reflexionar sobre el destino que le aguarda porque, ¡qué lejos están de Dios!
Descansa en paz, dulce Camila, que tu muerte no ha sido en vano.