La elección del Presidente de la República francesa, el 6 de mayo de 2007, marca una renovación de la vida democrática en este país de más de 63 millones de habitantes. Durante las dos vueltas del escrutinio, prácticamente el 84% de los electores se hizo presente en las urnas, luego de una larga campaña electoral, marcada por numerosas reuniones electorales y por intensos debates entre los candidatos.
En total, más de 37 millones de papeletas fueron depositadas en las urnas de las mesas electorales de Francia y del extranjero (incluido San José). Los medios de comunicación jugaron un papel preponderante en la información de los ciudadanos. El fenómeno internet y la interactividad con losblogs permitieron enriquecer esta campaña y contribuyeron probablemente a esta fuerte participación de las francesas y los franceses en la escogencia de su futuro Jefe de Estado. La elección de 2007 permitió hacer olvidar el choque de 2002, cuando la extrema derecha llegó hasta la segunda vuelta.
Un fenómeno relevante, en 2007, es que por primera vez una mujer estuvo en posición de ser elegida al Elíseo. Sin embargo, el resultado es claro e incontestable y algunos detractores no pueden cambiarlo: con más de 53% de los votos, Nicolas Sarkozy será, a partir del 16 de mayo y durante cinco años, el Presidente de la República francesa. Él sucederá al señor Jacques Chirac, quien asumió esta tarea durante 12 años.
Para el señor Sarkozy, de 52 años, exministro de Economía y Finanzas y ministro del Interior, hijo de un migrante húngaro, la responsabilidad es inmensa, pero él tomará este cargo supremo con un mandato claro e indiscutible del pueblo francés. Además, anunció, sin ambigüedad, que la rehabilitación de la autoridad, del mérito, de la moral y de la identidad nacional estaban en el centro de su proyecto político, en una voluntad de reunir al pueblo francés alrededor del valor del trabajo. Este proyecto integra la realidad social de la Francia de hoy, que cuenta con más de 8% de desempleados, un poder adquisitivo rezagado con respecto a otros países occidentales y problemas urbanos no resueltos.
Compromisos internacionales. En el extranjero, el gobernante electo piensa inscribir su acción en la continuidad de los compromisos internacionales de Francia. El futuro de la Unión Europea forma parte de sus principales preocupaciones. El nuevo presidente tomará iniciativas, junto con los principales socios de Francia, con el fin de relanzar el proceso institucional frenado después del referéndum de 2005, por medio del cual los franceses, y luego los holandeses, rechazaron el proyecto de tratado constitucional europeo. Una Europa fuerte podrá considerar y aplicar de manera muy constructiva su acuerdo de asociación con América Central, cuya negociación se iniciará próximamente.
En materia de ayuda al desarrollo, el tema de África es ineludible para Francia, pero el mandatario electo expresó su voluntad de ayudar prioritariamente a los demócratas. Sarkozy propone también la reflexión acerca de una Unión Mediterránea, en la cual países como Turquía puedan tener un papel importante. La francofonía es naturalmente una dimensión esencial de estas problemáticas. El presidente electo ha anunciado también su voluntad de luchar contra los desafíos ecológicos a los cuales nuestro planeta debe hacer frente y llamó especialmente a nuestros amigos de Estados Unidos a tomar la delantera del combate contra el calentamiento climático y en favor del medio ambiente. “Porque está en juego el futuro de la humanidad”, constatación sobre la cual costarricenses y franceses están, sin duda alguna, de acuerdo, como lo demuestra el compromiso del presidente Arias en favor de la naturaleza.
En plena mutación. Hace algunos meses, el 14 de julio de 2006, en este periódico, expliqué que Francia era “un país en plena mutación”. De hecho, la campaña electoral que precedió a la elección de Nicolas Sarkozy dio a los franceses la oportunidad de efectuar un considerable trabajo intelectual de sí mismos. Mostró la vitalidad de la democracia en este viejo país que se ha cuestionado, muy a menudo, en momentos de revoluciones. Hubo un Mayo de 1968 y sus movimientos espontáneos y violentos. ¿Podríamos hablar ahora quizá de un Mayo de 2007 y su cambio en profundidad, en la calma y en las urnas?
El voto de los franceses el 6 de mayo fue, además, un voto de adhesión al proyecto del Presidente electo, a quien la palabra “conservador” no puede servir de calificativo, ya que es un hombre que quiere promover cambios en Francia. La próxima etapa será la de las elecciones legislativas de junio próximo, en busca de una mayoría para apoyar la política presidencial. Los lazos de Francia y Costa Rica, dos países que colocan al ser humano en el centro de sus políticas económica y social, deberían beneficiarse, a término, de este impulso y de esta nueva página de la historia de Francia, en particular, sobre un tema mayor como es el del medio ambiente y de su gobernanza mundial.