
Durante el año se conmemoran algunas fechas porque recuerdan momentos importantes, honran a grupos con alguna particularidad, celebran tradiciones en virtud de situaciones culturales o sociales, y buscan incentivar a nivel social reflexiones para fortalecer el sentido de pertenencia comunitaria. Desde el 13 de agosto de 1976, por iniciativa del escritor y activista Dean R. Campbell, fundador de Left-Handers International, se celebra el Día Mundial del Zurdo, con el objetivo de promover el respeto y la inclusión de las personas zurdas en un mundo predominantemente de diestros.
La proporción de zurdos en relación con los diestros es baja, aproximadamente el 10% de la población mundial, dependiendo del criterio de lateralidad (homogénea, cruzada o ambidiestra) que se aplique. En cualquier caso, es una minoría de la población. Y, como es obvio suponer, todo lo que se produce y se utiliza está pensado para una mayoría de la población –esto es, los diestros–, con lo que los zurdos históricamente han tenido diversas dificultades y una gran adaptabilidad para un mundo que, de alguna manera, les es extraño.
Sinónimos de zurdo son izquierdo o siniestro, términos con connotaciones negativas, con mucha frecuencia. Siniestro, por ejemplo, se emplea para referirse a eventos que causan daño o riesgos que deben cubrirse con pólizas, y también se utiliza para aludir a algo tenebroso y malvado. El término izquierda, usado en política, se refiere a una posición ideológica que aboga por la igualdad y justicia socioeconómica y un cambio social, que suele ir contra el statu quo de predominancia capitalista. Con frecuencia, se asocia exclusivamente este término al comunismo y se ignora así que también abarca diversos socialismos no comunistas, como la socialdemocracia, el socialcristianismo, el anarquismo, el liberalismo social o el progresismo.
Históricamente, los zurdos no siempre hemos (porque soy zurdo, zurdo, homogéneo) sido tratados con equidad. Desde la antigüedad, se consideraba que estar situado al lado derecho de alguien era el sitio de honor y autoridad; así, por ejemplo, en muchas concepciones mitológicas, particularmente las patriarcales, que consideraban al Sol y la Luna entre sus deidades, ubican al Sol (día) a la diestra y a la Luna (noche) a la izquierda.
En el libro de Eclesiastés 10,2 dice: “El corazón del sabio mantiene su derecha, el corazón del tonto toma la izquierda”, y el Nuevo Testamento ubica a Jesús a la diestra del Padre, no a la siniestra. Incluso, en diversas religiones y cultos, para rezar usan la mano derecha. Siempre ha habido una tendencia a ubicar lo sagrado con la diestra y lo profano con la siniestra, y la lista de referencias se hace interminable (Platón, Aristóteles, Dante Alighieri, Quevedo); no nos vamos a detener en esto.
Nada más he de señalar que estas consideraciones sí trajeron consecuencias negativas para quienes nacieron zurdos, porque fueron excluidos, perseguidos y obligados a utilizar la mano derecha. Lamentablemente, esto se reflejó por siglos en los sistemas educativos, que no fue sino hasta bien avanzado el siglo XX cuando empezaron a utilizar métodos educativos inclusivos para esta población minoritaria.
Algo tan sencillo y que aún no se da en todos centros educativos es el tipo de asiento que se emplea. Si es un pupitre individual (silla que incorpora una plataforma para escribir), suele estar hecho para que el diestro descanse su brazo y pueda escribir con facilidad; no así el zurdo, a quien le resulta una posición muy incómoda. Ahora algunas aulas incluyen pupitres para zurdos, pero no todas las aulas ni todos los centros educativos.
Prefiero no entrar en deliberaciones sobre si los zurdos somos más creativos e imaginativos que los diestros, más hábiles en algunos deportes y otros campos del saber, porque tal vez esto cae un poco en el campo de la exageración y lo mitológico.
Lo que no se puede negar es que después de tantos siglos de exclusión y estigmatismo sobre lo siniestro, la población zurda fue obligada a procesos de adaptabilidad cognitiva que, de alguna manera, la beneficiaron. Y es que, sin duda, debió generar mayor actividad en el hemisferio derecho.
En este sentido, para quienes nacimos zurdos, no puede pasar inadvertida esta conmemoración porque señala un despertar de nuestra peculiar lateralidad, la cual nos hace diferentes al 90% de la población mundial. Por eso, termino con un lema adaptado de El Manifiesto Comunista: “¡Zurdos de todo el mundo, uníos!”.
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Carlos Alberto Rodríguez Ramírez es filósofo y profesor jubilado. Se desempeñó como docente en la Escuela de Filosofía de la Universidad de Costa Rica (UCR).