
He tenido la posibilidad de trabajar en Estados Unidos, Costa Rica y China para la academia, como clínico y como funcionario de una empresa farmacéutica. He publicado cientos de artículos científicos y he podido dar charlas en congresos médicos en todos los continentes. Escribo todo esto a manera de introducción para identificar cambios en el sector salud que han ocurrido durante mi vida profesional y que son motivo de reflexión a propósito de un anuncio que escuché ayer en la radio sobre cómo la ciencia ha logrado descubrir medicamentos antivirales que prácticamente hacen que la carga viral de pacientes infectados con el VIH se reduzca a niveles tan bajos que el virus es indetectable y los niveles de células CD4 sean normales.
Cuando inicié mi especialización en infectología pediátrica en California, en 1988, la mayoría de nuestras consultas eran de pacientes con sida. En ese momento, el AZT era la panacea y recuerdo que el uso de este antiviral en mujeres embarazadas con sida reducía en forma considerable la posibilidad de que su hijo naciera infectado. Era una época en la que los padres infectados –sobre todo las madres– tenían que decidir entre abortar o tomar AZT, un medicamento antiviral que reducía, pero no eliminaba, la posibilidad de contagio al recién nacido. ¡Qué gran diferencia!
A pesar de los antivacunas, los esquemas de vacunación han evolucionado enormemente. Durante este tiempo he visto cambios en recomendaciones –por ejemplo, la necesidad de dos dosis de la vacuna contra el sarampión–, pero además he sido testigo del descubrimiento e implementación de vacunas que les han salvado la vida a miles de niños y adultos.
Varios ejemplos son las vacunas contra H. influenzae, neumococo, meningococo, varicela, rotavirus, el virus del papiloma, el virus H1N1, el zóster y el dengue. El cambio ha sido grande. Recuerdo que en los años 80, en el Hospital Nacional de Niños, atendíamos cerca de 150 casos de meningitis bacteriana, de los cuales el 90% eran causados por H. influenzae, serotipo b.
Varios años después, en los 90, luego de la introducción de la vacuna contra el H. influenzae en el esquema básico de Costa Rica, los casos de meningitis bacteriana por este germen prácticamente desaparecieron. La discapacidad (sordera, ceguera, etc.) y la mortalidad causada por esta bacteria pasaron a ser mínimas. Lo mismo ha ocurrido tras la introducción de la vacuna contra el neumococo. Además de lo anterior, la vacuna contra el papilomavirus ha reducido drásticamente la incidencia de cáncer de cérvix en las mujeres. ¿Cómo es posible que se le niegue una vacuna a un niño?
La vacunación en adultos ha cambiado y ahora reconocemos que es importante inmunizar sobre todo a los mayores de 50 años. La vacuna contra el herpes zóster es fundamental. Actualmente, existe una vacuna efectiva (99%) en la prevención de episodios de zóster que se recomienda para toda persona cuando cumple 50 años. En términos populares, el zóster es la reactivación del virus que causa la varicela.
Además de lo anterior, la vacuna contra el coronavirus se pudo elaborar en un tiempo récord siguiendo todos los lineamientos para ensayos clínicos. ¡Yo me vacuné!
La prueba de tamizaje neonatal para enfermedades metabólicas y sordera congénita es un gran avance. Detecta tempranamente enfermedades metabólicas o endocrinas congénitas como el hipotiroidismo, el cual, si se trata tempranamente, no produce ningún problema clínico, pero si no se detecta y no se trata a tiempo provoca grandes problemas de desarrollo.
He sido testigo también de un cambio muy importante en el perfil cronológico de los adultos. Ahora no nos sorprende que una persona de 50, 60, 70 u 80 años juegue golf o tenis, maneje, asista a fiestas, sea productiva, etc. Una persona de 70 años en el 2019 estuvo mucho más activa y saludable que una de 70 años en 1985 o en 1970 (si es que estaba viva).
Actualmente hay mejores medicamentos contra la hipertensión y la diabetes; hay reductores de lípidos, sustancias que mejoran la contractibilidad cardíaca, que disminuyen el riesgo de infartos cardíacos o embolias cerebrales: una diversidad farmacológica impresionante. Hemos comprendido la importancia de una buena alimentación y de hacer ejercicio; ha disminuido el fumado (¡ya no se permite fumar en los aviones!) y se tiene conciencia de cuán importante es saber manejar el estrés. También se aprecia el tiempo en familia y el poner límites laborales sensatos. Se reconoce el valor del tamizaje temprano contra el cáncer de colon, el gástrico y el de cérvix uterino. Ha mejorado el tratamiento contra varios tipos de neoplasia; la sobrevida de 5 años en muchos casos es impresionante.
En fin, épocas de cambio para bien…
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Adriano Arguedas Mohs es médico pediatra infectólogo.