Luego de vivir la experiencia del pasado jueves 8 de enero –el terremoto de 6,2 en la escala de Richter–, reflexionamos sobre el sismo de Nicaragua en 1973, en que colapsó el Hospital El Retiro, al cual brindamos atención médica en una de las primeras brigadas que llegaron a Managua.
Recordamos el terremoto de México en 1985, con el colapso del Hospital General, cuya copia es nuestro Hospital México, ya que México donó los planos a nuestro país hace casi 40 años para edificar el homólogo. Afortunadamente, se realizó un excelente reforzamiento antisísmico y fue una acertada decisión la reciente demolición del edificio de Residencias, situado al sur del Hospital, construcción declara ya inhabitable.
Angustia. Vivir la situación de un terremoto en el momento en que realizábamos una cirugía en el Hospital México, en un paciente joven, es angustiante. Sentir cómo la estructura violentamente se sacude, acompañada de crujidos, ruidos, sorpresas, y sumidos en la completa oscuridad al fallar la planta eléctrica de emergencia, nos enfrenta a la situación de no abandonar a nuestro paciente e infundir tranquilidad en el personal médico, enfermeras, auxiliares que, con valentía, continuamos el acto quirúrgico alumbrados con una linterna de baterías, poca luz, sin duda, para un procedimiento neuroquirúrgico.
Mientras nos debatíamos en esas precarias condiciones, un nuevo grito de alarma: “Hay fuego en las salas, abandonen de inmediato, saquen a los pacientes”. Pensé que, si no nos moríamos en el sismo, sí en el incendio, ya que, debido a la gran cantidad de gases, materiales y medicamentos inflamables, lo que iba a ocurrir inminentemente sería una explosión. Aun así, continuamos nuestra intervención para, de esta manera, salir adelante con nuestro paciente. Hubo que hacer caso omiso de la histeria colectiva que se había suscitado.
Afortunadamente, tal como nos enteramos después, el humo no era más que las nubes de polvo de escombros que se habían desprendido, y de esta forma rescatamos a nuestro paciente y lo transferimos no a Recuperación, que era una zona de desastre debido a la gran cantidad de material que se había caído, sino a la Recuperación improvisada en un salón de pacientes vecino.
Con alegría vi a los padres del joven paciente y los llevé a que vieran a su hijo recién operado, recién rescatado. Aguerridos bomberos y rescatistas se presentaron para medir los daños de uno de los más importantes hospitales, como lo es el Hospital México, baluarte de la seguridad social costarricense. Valientes cruzrojistas, policías, soldados, pilotos, voluntarios que arriesgan su vida para rescatar a heridos y también los cuerpos de aquellos que se fueron.
Nuestro sentimiento es de duelo nacional para recordar a los campesinos valientes que, viviendo muy adentro en la montaña, sucumbieron ante una de las emergencias más graves vividas en nuestro país.